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domingo, 22 de diciembre de 2013

Asta Regia y Tartessos.

 Imagínense una inmensa llanura, polvorienta en verano, y aún, inundable algunos inviernos, yerma, cultivada de cereales, pero sin un sólo árbol. Y una pequeña loma, verde, que rompe la monotonía del paisaje. Están viendo una zona desolada, no obstante, a tan sólo once kilómetros de la principal urbe (por tamaño) de la provincia gaditana, que es Jerez de la Frontera. Pero aún, cuesta más imaginar, en la soledad y en la decadencia que podremos encontrar, una de las zonas con mayor esplendor de la península. Sino la que mayor si ciertas teorías de que aquí se encontró la capital tartésica se llegan a corroborar.

 ¿Que razones llevan a pensar en ello?, pues el profesor y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Bendala, expuso varios puntos en el programa radiofónico Ser Historia, de Nacho Ares, hará algún tiempo ya. Entre ellos está:

 - Arqueología del paisaje: Ahora el aspecto del lugar difiere con el de entonces, la isla (hoy cerro), en el que se encontraba Asta Regia, estaba rodeada por un estero principal que comunicaba con toda la marisma, el Lago Ligustino (hoy Doñana); y el interior con la costa.

 - Nomenclatura del lugar:  El apellido de "Regia" (de época romana), indica que había un apelativo propio de un lugar en el que tradicionalmente se reconocía una vieja, y clásica, monarquía local.

 - El tamaño de un yacimiento: del que aún no se sabe casi nada. Su terreno es de dimensiones grandes, unas 40 hectáreas, lo que da una noción de su importancia. Para hacerse una idea, el yacimiento de Baelo Claudia ocupa unas 10 hectáreas. En ellos podremos encontrarnos restos tartesicos, romanos, e incluso árabes. (Este dato no vino reflejado en el programa, pero sí lo he recogido de otros textos).


  Incomprensiblemente, el yacimiento se encuentra abandonado a su suerte, y no hay siquiera un proyecto serio para ponerlo en valor de cara al público, ni tampoco un posible estudio por parte de los expertos. Pobre futuro, como presente, se ve en el horizonte de un yacimiento que hubiera merecido más. Un saludo desde el sur.

Imagen de Celtiberia.net

martes, 1 de noviembre de 2011

Los misteriosos asesinatos de Puerta Tierra

     No se asusten, no hay ningún asesino en serie en el casco nuevo de Cádiz, ni creo que lo haya habido. Lo sitúo en Puertas de Tierra, porque es donde hoy se sitúa la tragedia que les voy a contar; pero realmente, ocurrió hace unos 2.500 ó 3.000 años, en pleno Gadir fenicio. Aunque hay que remontarse a la actualidad, hará unos años, cuando en pleno boom inmobiliario, y tras el derribo de unas viejas casas, se encontró una necrópolis, por otro lado, muy común en éste lado de la ciudad, ya que las ciudades romana, púnica y fenicia, se encontraban en lo que más o menos hoy es el casco antiguo, mientras que en los exteriores se encontraban, como es común hoy día, los enterramientos. Sobre las necrópolis gaditanas hay auténticas curiosidades, y mucha variedad, pero la historia de hoy se lleva la palma. La actual ciudad de Cádiz, aprovecha cualquier hueco para hacer nuevas construcciones, debido a la falta de espacio, pero muchas veces, la construcción de nuevas edificaciones lleva aparejada una excavación arqueológica, pues la ciudad es rica en yacimientos, y tal vez, gracias a ellos, se logra encajar las piezas de un puzle histórico que se confunde la mitología. Sea como fuera, hace cerca de una década, en una de éstas excavaciones rutinarias, se encontró una necrópolis, en éste caso fenicia, pero lo que más llamó la atención, era la cantidad de cadáveres que había sin enterrar en los alrededores de los nichos, que parecían haber sido sorprendidos en el mismo lugar, sin que tuvieran tiempo de reaccionar.

    Tras diversas investigaciones, se planteó una hipótesis, aquellas gentes, entre las que había niños, presenciaban lo que hoy día sería un entierro, y en el transcurso del mismo se vieron sorprendidos por alguien que les atacó, sin dejar, prácticamente, a nadie vivo. Pero la cuestión clave es: ¿Quién les atacó? Cierto es que al parecer los fenicios gaditanos tuvieron más de algún que otro rifirrafe con las poblaciones locales, pero según los historiadores la cosa no había llegado a mayores, pues se supone que la civilización fenicia era superior a la íbera. Esto enlaza con una noticia que el Diario de Cádiz publicó hace unos días, en la que unos médicos habían hecho una resonancia a un esqueleto de época fenicia, encontrado en el solar del Cómico, para saber las causas de su muerte, sus conclusiones al parecer no dejan lugar a la duda: se debió a un incendio, murió asfixiado. Tal vez las muertes de ambos lugares no tengan nada que ver, y el último cadáver del que les hablo, simplemente falleció en un incendio corriente que pudiera haber ocurrido solamente en su casa. Pero aún los investigadores de uno y otro lugar se preguntan, si el incendio arrasó con casi toda la ciudad (lo que vendría a explicar la escasez de restos anteriores al siglo VIII) y a que se debió. Era relativamente común, hasta principios del siglo XX, que grandes fuegos arrasasen con una ciudad, ya que no había leyes que regulara nada, los medios eran escasos para defenderse y en las casas abundaba la madera como material; además, hasta el invento de la electricidad, todo el mundo se iluminaba con velas y cirios. Pero es también “casualidad”, que en muchos de los yacimientos fenicios que existen en la comarca, se han encontrado estratos en los que se encuentran indicios de que hubo una gran violencia; como por ejemplo, ocurre en Doña Blanca (El Puerto de Santa María), donde se han llegado a encontrar murallas con fisuras y bolas de catapultas. Todo parece indicar desde luego que hubo una guerra en una determinada época, pero ¿contra quién? Los autores clásicos apuntaron en sus textos que hubo una guerra entre tartesios y fenicios, que pasaron de ser aliados que comerciaban a competidores, pues los últimos, que llegaron con la intención de establecer una serie de factorías comerciales acabaron por terminar siendo conquistadores que arramplaban con todo. Pero tampoco hemos de fiarnos demasiado de los textos griegos, que siempre que podían, ponían a parir a la civilización semita. Si según las últimas teorías de los arqueólogos del yacimiento del Carambolo (Camas, Sevilla) son ciertas, y los Tartesios no eran otra cosa que una colonia fenicia, y no una civilización autóctona, estaríamos hablando de una probable guerra civil entre reyezuelos locales, tal vez por controlar algún yacimiento, algún monopolio, o vaya a saber qué. Si por el contrario, se demuestra que Tartessos existió como cultura propia, entonces tendrían razón los historiadores clásicos griegos. Así pues, aquella pobre gente de las que les hablaba iban a enterrar a algún familiar cuando, probablemente se vieron sorprendidos por un ataque enemigo, dado que las necrópolis se situaban a las afueras de la ciudad, y por tanto de las murallas se vieron sin defensa posible, cayendo todos como moscas, a causa de un cruel destino. Sea como fuere, los que estaban dentro de las murallas tampoco se libraron, y muchos cayeron, gracias a un incendio provocado por sus enemigos.

     Espero que les haya gustado ésta historia que es poco conocida en la ciudad, y que me llegó a manos de la hija de un trabajador de la obra que se iba a comenzar tras las correspondientes excavaciones. Como siempre, en ésta tierra, se corrió un tupido velo, y el yacimiento fue tapado con cemento en una tradición más nuestra que los Tosantos o el Día de los Difuntos que vengo a celebrar contándoos éste curioso suceso. Apenas unas joyas se llevaron al museo, donde aún se guardan a la espera de ser puestas en exposición. Un saludo desde el sur.
 

domingo, 14 de agosto de 2011

¿Que fue Tartessos?

    Era mayo del año 2.001, y en la estación de ferrocarriles de Huelva, estaba yo sólo, a las 14:10 horas, con un calor insoportable, rodeado de moscas y con una atmósfera polvorienta, así que decidí entrar en uno de los vagones del tren con destino a Sevilla, para hacer luego trasbordo a San Fernando. El aire acondicionado alivió la pesadez del cuerpo, y tras comerme el bocadillo, decidí echar una ojeada a una pequeña guía que un mes antes me había comprado, así hacía tiempo mientras el tren estaba parado, pues su salida era a las 14:35. El pequeño libro en concreto, era una guía de rutas arqueológicas por Andalucía; al rato, un hombre mayor se acomodó en los asientos que estaban al lado de los míos, reparé en que me observaba constantemente, el tren estaba vacío, y él se tuvo que sentar justo al lado de mis asientos. Empecé a incomodarme, y pensé en cambiarme de asiento. Cuando el silencio parecía cortarse con un cuchillo, el hombre me pidió un momento el libro para echarle un vistazo, no sin cierta desconfianza se lo presté, mientras leía, estuve pendiente a él, tras una breve ojeada, me lo devolvió, y me comentó que le parecía interesante; sea como fuere, todo derivó en una amena conversación que duró las dos horas de trayecto que había entre Huelva y Sevilla, y para sorpresa mía, aquel hombre, era un arqueólogo jubilado, y en tiempos, director del Museo Arqueológico de ésta última ciudad, y doy fe de ello, pues en un tiempo record me dio un repaso de todos los yacimientos andaluces, como si fueran pocos...

      A fín de cuentas, cómo ambos éramos andaluces, el centro de la conversación terminó en la antigua civilización de Tartessos, y hoy día, tras leer varios libros, recuerdo que tenía afinidad por la teoría de Schulten. Haciendo un recorrido imaginario por los distintos yacimientos, me habló de Doña Blanca, una importante ciudad fenicia, que se conserva, con todos sus sectores, y algunas casas, prácticamente conservadas enteras, junto a la Torre Medieval de Doña Blanca, en el Puerto de Santa María, a pies de la Sierra de San Cristóbal. Para él, dicho yacimiento, era la antigua Tartessos, es curioso, siempre había pensado que se encontraba en Huelva o en Asta Regia (Jerez). Sin embargo, me contó, que dicha ciudad está excavada en un escaso porcentaje, y que debajo de la tierra se esconde más de lo que imaginamos, tales, como barrios griegos, íberos, etc. en una "especie de Nueva York de hoy día", según sus palabras, donde existen Chinatowns, Little Italys y demás. Fue una sorpresa que no me esperaba, hasta ahora todos los libros me decían que el yacimiento era exclusivamente fenicio, con algunos rasgos calcolíticos en sus lomas más cercanas, sobre todo en el Aculadero. Y sin embargo, no es al único que he escuchado comentar las maravillas sin desenterrar del lugar. A fín de cuentas, ese es el principal problema de Tartessos, que en Andalucía todo se tapa con cemento para que nadie se entere, y no se paralicen las obras, y la administración, hace la vista gorda, y no da dinero para nuevas excavaciones.

       Da la impresión, desde fuera, que Tartessos es un viejo cajón de sastre, donde cabe todo lo que no casa con lo puramente fenicio, lo que no se sabe ciertamente que es, es tartésico. Sin embargo, después de leer varios libros, pienso que éste señor no iba muy desencaminado: Tartessos fue una zona comercial única, como la costa este de EEUU, donde coincidían varias civilizaciones que se hicieron de oro en sus mejores tiempos. Ya que según los textos clásicos nada cuadra, para algunos eran celtas, para otros íberos, para muchos griegos, norteafricanos y para los nuevos arqueológos era la colonia fenicia del suroeste español; de todo se ha dicho. Para que quede bien claro, expongo aquí las teorías más comunes:
    - Colonia Fenicia del suroeste español: según los restos, ésta civilización tuvo más influencia de lo que decían los textos clásicos (que eran griegos, y quisieron llevarse el mérito), pues al no dejar nada escrito, no se han dado autobombo. Y es cierto, la presencia fenicia, es la más importante en el triángulo de Huelva, Sevilla y Cádiz. Sin embargo falla algo, los fenicios no colonizaban, sino que construían factorías, pues eran comerciantes, y con alguien tenían que comerciar, y según ésta teoría, la zona estaba despoblada.

    -  Gentes de cultura atlántica mezclada con fenicios, es decir, celtas de toda la vida, que acabaron por fusionarse con los semitas comerciantes, de ello da fe, varios monumentos, como la piedra escalera de Ranchiles (Tarifa), y sobre todo, el depósito de la Ría de Huelva, que son puntas de flechas y espadas de tipo atlántico. Sin embargo, ésto tiene su punto débil, ¿por qué no pensar que los tartesios contrataran a algunas tribus de ésta cultura como mercenarios para que defendieran ciertas zonas, dándoles terrenos, como era común en la antiguedad?, como por ejemplo, hizo Roma con los godos, a fín de cuentas los guerreros celtíberos eran muy cotizados.

    -  Íberos mezclados con fenicios, és la teoría más común, y la más extendida de todas, desde hace casi un siglo, pero la urbanización de toda la zona es fenicia, y no íbera, aún así, para mí es la que tiene más probabilidades de acertar

    -  La teoría del alemán Adolf Shulten, quien mezcló Tartessos con la Atlántida, como el que mezcla whisky con vodka en un botellón, y da una importancia clave a los griegos que se dieron un autobombo tremendo, pues a fín de cuentas son lós únicos que han dejado algo escrito, junto con la biblia, sobre Tartessos. Ésta es una teoría del XIX, y prácticamente se ha descartado.

     - La de aquel señor del tren, que no la he escuchado en ningún lado más, en la que los Tartessos, eran los famosos Pueblos de Mar, que arrasaron Egipto, Grecia y Anatolia; nada menos. De ésta, sincéramente, no se puede decir, ni que sí, ni que no, pues no habrá pruebas nunca de ello, aunque en la antigüedad, eran famosas las naves de Tarsis, que llegaban hasta Inglaterra en la famosa ruta del estaño, pero sinceramente, no casa con la idea de un lugar que fue clave para el comercio.

      - Y la mía, tal vez un poco chaquetera, pero, quien sabe, a lo mejor tengo hasta razón. En la que todas las teorías anteriores tuvieran su parte de razón, ya que como es sabido, la zona suroeste española era un cruce de caminos, en el que llegaron gentes de cultura atlántica por la línea de costa, íberos por la zona éste del valle del Guadalquivir y de las sierras Béticas, fenicios que establecieron importantes factorias en toda la costa andaluza, desde Huelva a Granada; y porque no, una ligera participación de los griegos, que según sus textos, fundaron Puerto Menestheo (El Puerto de Santa María) y Mainake (Málaga). Con el tiempo, y debido sobre todo a las caídas de las metrópolis (a manos de distintas civilizaciones), todos acabaron por fusionarse e independizarse, como pasó con América latina, donde los rasgos amerindios predominan sobre los europeos, gracias a la mezcla de razas.

    Hay que decir que Tartessos fue una cultura muy refinada, como demuestran el tesoro del Carambolo, o los candelabros de Lebrija (con el que el mayordomo mató al señor Tate en el cluedo fenicio). Sin embargo, aunque Schulten buscó un final catastrófico para la civilización, lo más normal, es que éstos perdudaran hasta época romana, en las que fueron absorbidos, casi de forma pacífica, convirtiédose en provincia senatorial a diferencia de muchos de los lugares conquistados, gracias a su cultura. También es común considerar que los Turdetanos era una cultura descendiente de Tartessos, aunque últimamente, se piensa que eran dos formas distintas de nombrar a una misma civilización, una de forma griega, y otra latina. Tambien constatar, que realmente no se sabe que era Tartessos, ¿una ciudad (que no se ha encontrado)?, ¿el río Guadalquivir?,  ¿un reino?, ¿o un conjunto de ciudades-estados?. Ellos dejaron escritos, como no, en placas de metal, pero nunca se ha podido traducir, nos falta nuestra piedra roseta, para corroborar como decían los textos clásicos los nombres de algunos reyes como Gerión, Habis, Gárgoris o Argantonio que llegó a los 120 años de edad (murió de viejo). Se decía que tenían leyes escritas en versos de más de 6.000 años de antigüedad, por desgracia, es poco lo que se sabe, para distinguir lo que es mito de la realidad. Pero quien sabe, a lo mejor, algún día, en la isla de Saltés, en Doña Blanca, en Asta Regia o en cualquier lugar se encuentre una ciudad con un cartel que diga: Welcome to Tartessos. Un saludo desde el sur.

Piedra escalera de Ranchiles, al parecer un templo con rasgos celtíberos, en Bolonia, Cádiz

Silla del Papa, otro parecido al anterior, también en Bolonia

Candelabros de Lebrija, de refinada técnica

El famoso tesoro del Carambolo, en las cercanías de Camas, Sevilla

Inscripción tartésica

Barrio fenicio de Doña Blanca, El puerto de Santa María, Cádiz

Casco corintio, museo de Jerez

Restos íberos de Carissa Aurelia, Bornos, Cádiz