Translate

Mostrando entradas con la etiqueta pastizal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pastizal. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de noviembre de 2018

Paisajes naturales de Conil de la Frontera.

Puntalejo.
 ¿Quién dice que las playas gaditanas, y más en concreto de Conil de la Frontera, pueden disfrutarse sólo en verano?, pues tanto otoño como invierno pueden llegar a ofrecernos algunas de las estampas más espectaculares y melancólicas de una costa que es capaz de disfrazarse de puro Atlántico norte en muchas ocasiones, y de Mediterráneo en otras, pero lo cierto es, que estamos ante la inmensidad de un océano, en muchas ocasiones bravo y en un rincón ventoso, y que gracias a eso, se ha podido formar en las costas gaditanas algunos de los paisajes más espectaculares del sur de España, si la especulación urbanística no lo destroza todo. La costa de Conil, es uno de los sitios más frecuentados por turistas y lugareños en búsqueda de sol y agua, así como de tranquilidad para aquellos nudistas que busquen alguna cala escondida y recóndita. Pero todo ese paisaje, vacío de público el resto del año, esconde una naturaleza generosa que muy pocos se paran a observar, el problema una vez más, es la antropización excesiva y la urbanización de un pequeño rincón de costa que aún se puede salvar, si se empieza a valorar como es debido. 

 La costa conileña puede dividirse en dos, siendo el propio pueblo la línea divisoria de dos tipos de paisajes contrapuestos
  • La zona norte, desde el propio pueblo hasta el Cerro del Puerco, ya en Chiclana, es una costa de pequeños acantilados, y pequeñas y bellas calas que se han hecho famosas a nivel nacional, siendo las más conocidas, la del Aceite, y las de Roche. Pero no son las únicas, también podemos encontrar la de Puntalejo entre otras muchas. La altura de los acantilados es escasa, alcanzando a lo sumo los cinco o diez metros, siendo generoso, y con una textura completamente arcillosa en el que es fácil que tanto mar como viento vayan deshaciendo trozos de acantilados y roca, como si fueran azucarillos en el café. En cuanto a vegetación, domina la clásica formación costera de Andalucía occidental, de pinos piñoneros (p.pinea) acompañados por sabinas (juniperus phoenicia), enebros (juniperus macrocarpa), palmitos (chamaerops humilis) o el lentisco (pistacia lentiscus) entre otros. Además en algunos tramos se pueden ver formaciones de eucaliptos rojos (eucaliptus camaldulensis) así como pies sueltos de pinos negrales (p.pinaster) cipreses (cupressus supervirens), éste último en las zonas que bordean a Puntalejo o Fuente del Gallo. También conviene destacar la presencia de la planta carnívora Drosophyllum lusitanicum. Entre la fauna podemos destacar al camaleón común en los pinares y al fartet en el río Roche. Ahora en otoño esta zona boscosa al pie del mar ofrece estampas preciosas en la multitud de senderos existentes por la zona. Protegida por la Red Natura 2000 a nivel europeo, debería de completarse con otro grado de protección como el Paraje Natural entre otros. 

Cipreses salvajes.

Interior del bosque de Roche.

Río Roche.

Palmitar.

Enorme enebro rastrero.

Las raíces llegan al borde mismo.

Efecto del viento sobre la vegetación.


Enebro marítimo.

  • La zona sur, por el contrario, es absolutamente llana, al nivel del mar, y despejada en absoluto, sin apenas arboleda alguna. Hablamos de un enorme playón atlántico, en el que hay que andar bastante hasta llegar a la orilla, así como del prado anterior a la misma. También hay que tener en cuenta al río Salado, que desemboca justo al lado del pueblo, y donde se pueden ver fauna de ribera, así como de marisma en su desembocadura. Además hay algunas pequeñas lagunas y marismas que vienen a completar el paisaje. Pero lo más importante, aparte de la playa, como ya he mencionado es el bello pastizal, verde en época de lluvias, ocre en verano, y multicolor en primavera. Siempre lleno de reses retintas, ofrece una de las estampas más bellas de nuestra provincia. Aquí podemos encontrar especies de aves tanto marinas, como frailecillos, pardelas o araos entre otras, y sobre todo en invierno, así como de marismas y sistemas lacustres, espátulas, garzas o garcetas, y para finalizar, como no, con aves esteparias, como el sisón, el alcaraván o la canastera. Desgraciadamente, solamente el tramo del río Salado se encuentra protegido como ZEC por la Red Natura 2000, el resto, queda desprotegido, sólo salvado por PGOU de la localidad conileña, y que puede estar sujeto a cambios rápidos con cualquier cambio de gobierno. Sería conveniente proteger esta franja costera, así como la contigua del Palmar, y Zahora, tan sujetas actualmente a las presiones turísticas. La ruta más aconsejable, sale del mismo paseo marítimo del pueblo y se recorre en el límite entre la playa y el propio prado. 

Sectores de marisma.

Desembocadura del río.

Sendero.

Prado de Castilnovo.

Sector lacustre.

Prado, laguna y playa.

Riqueza herbácea.

Búnker semienterrado.

Ganadería retinta.

 Como hemos podido observar, por desgracia, un paisaje tan bello, y semisalvaje, puede verse afectado por un nuevo proceso urbanizador, que estoy seguro ocurrirá, tal que se levante de nuevo otra burbuja inmobiliaria que tanto padecemos en España, es hora de proteger este rincón y el del Palmar, antes de que la economía ladrillera y el dinero fácil hagan como han hecho con la costa chiclanera o la de Costa Ballena, tanto destrozo, para tan poca rentabilidad económica y laboral, en un pueblo necesitado de una economía auténtica, y sostenible. Un saludo desde el sur. 

domingo, 11 de marzo de 2018

La dehesa ibérica.

Vaca retinta, típica de Cádiz.
  Si gran parte de Sudamérica es el territorio que conserva el mayor porcentaje mundial de bosque ecuatorial, o Rusia de estepas, y África de desierto y sabana, sin duda, en cuanto al bosque mediterráneo, Europa es la principal protagonista, no es que sea tampoco el tipo de ecosistema más abundante en un continente en el que domina especialmente la foresta caducifolia, pero sí que lo es en el sentido de que en el resto del mundo, tan solo estrechas franjas de Chile, California, Australia o Sudáfrica, tienen formaciones y climas similares. Y dentro de lo que es el Mare Nostrum, España es la nación con más territorios de ecosistemas mediterráneos. De hecho, la influencia del monte mediterráneo en nuestro país se extiende más allá de donde correspondería por el clima, pues por ejemplo, podemos encontrar encinares cantábricos en una zona de clima netamente oceánico ya, como pueda ser Cantabria o el País Vasco (Santoña y Urdaibai), o los alcornocales del Baixo Miño en Santa María de Oia en Pontevedra. En el extremo contrario, por el sur, algunos de los bosques termófilos canarios son formaciones netamente mediterráneas de acebuches y/o lentiscos, parecidos a los del norte de África, y que al igual que éstos, marcan una zona de transición entre el desierto y las zonas más húmedas.

Dehesa de alcornoques.

Buitre leonado, típico habitante de las dehesas.
  Por tanto, a España le corresponde salvaguardar el mayor porcentaje de un bosque único, con la misma responsabilidad que a Brasil con el bosque ecuatorial, por ejemplo. Pero dentro del mundo mediterráneo, si hay una formación que es típica de la península Ibérica, esa es la dehesa. Podemos decir que un paisaje adehesado es aquel en el que hay un bosque aclarado, es decir, sin matorrales ni arbustos, solo praderas o zonas de cultivo, o por el contrario, es un pastizal con arbolado disperso, según la densidad de los mismos que haya, como si de un modo de sabana se tratara. No hay que confundir la dehesa con una formación boscosa abierta, como sucede con los bosques de pinos piñoneros, donde sí que abunda el sotobosque. En la primera, es más que evidente la mano del hombre, y suelen abundar las gramíneas, teniendo además, un fin ganadero o agrícola. La dehesa es un ejemplo de convivencia entre el hombre y el medio que en pocos lugares se da, y que ha venido a enriquecer dos mundos, pues aquí pueden encontrarse especies animales o vegetales del mundo del bosque, la estepa o el medio antropizado. Aunque existe en casi todo el territorio español y sur portugués, suele abundar más en la zona suroeste de la península, tanto en el sur de Castilla y León, Madrid, occidente de La Mancha, y sobre todo, la zona occidental de Andalucía y casi toda Extremadura.

Dehesa de acebuches.
  Pero, ¿de donde viene la dehesa?, ¿cual es su origen?, como hemos explicado, se trata de una formación transformada por el ser humano, y nació en la Edad Media. Hay que retrotraerse a los tiempos de la Antigüedad Tardía, cuando el poder de Roma es más nominal que efectivo, y tras la entrada de los pueblos bárbaros se produce el abandono de los terrenos agrícolas en favor de las ciudades, protegidas por las murallas. Con ello, el bosque recupera poco a poco gran parte del terreno que había perdido y las espesuras vuelven  Hispania. Eso es así, hasta los tiempos de la reconquista, en la que los reyes de León o Castilla (según los tiempos), deciden quemar y/o eliminar el sotobosque con la intención de clarear los bosques para evitar las emboscadas o las famosas razzias de los reinos islámicos peninsulares. De ahí nace la palabra dehesa, que viene a significar defesa, en castellano antiguo. Posteriormente, se le empezó a ver lo rentable en términos económicos que era (y sigue siendo) como explotación agropecuaria, y en otros campos como el forestal, con la leña, el corcho o el carboneo entre otros. La dehesa de hecho, es uno de los factores importantes para el nacimiento de uno de los hechos claves en la historia española y europea, el fenómeno de las cañadas y la Mesta. Casi toda la península está cruzada por vías pecuarias de todo tipo, que van de norte a sur, y de las montañas al valle, buscando siempre los mejores prados y climas para el ganado. Hay que pensar, la importancia de este hecho, en el que, por ejemplo, Castilla e Inglaterra, llegaron a estar en contienda, con batallas navales ganadas por los primeros, en la Guerra de los Cien Años, y en la que no sólo se involucraron el reino anglosajón y Francia, sino que todas las monarquías de Europa occidental se vieron involucradas de uno u otro modo. Tras las victorias castellanas, la lana peninsular sería la que se comerciaría mayormente en Europa, en detrimento de la inglesa. Esto fijó las bases de Castilla como una futura potencia imperial.

Dehesa de Alcornoques.
Dehesa de Acebuches.
   Pero si hay algo por lo que destaca la dehesa es por su riqueza medioambiental, sobre todo a lo que en fauna se requiere. En cuanto a flora, suele darse el típico factor que se da en el bosque mediterráneo con una, o todo lo más dos, especies arbóreas dominantes, de las cuales, mayormente suelen ser quercíneas, es decir, encinas (las formaciones más abundantes), alcornoques, o quejigos; también en muchos lugares de Andalucía occidental, especialmente en la campiña sur de Cádiz, en el triángulo entre Chiclana de la Frontera, Alcalá de los Gazules y Tarifa, se da también la presencia de acebuchales adehesados, acompañados de lentiscos y palmitos. En Madrid, por ejemplo, hay bellas dehesas de fresnos, o también, aunque menos frecuente, se pueden dar álamos como en Doñana, o pinos piñoneros, como en algunas zonas de Castilla, con Valladolid como ejemplo. En cuanto a la fauna, se registran lugares de gran importancia como refugios de muchas especies en peligro, tales como el lince ibérico, el lobo, la cigüeña negra o el buitre negro. Ejemplos de estos santuarios de vida se dan, sobre todo en Extremadura y en Sierra Morena, con Monfragüe y la Sierra de Andújar como principales de cada comundidad. Pero la importancia de la dehesa no termina aquí, como paisaje boscoso abierto, o praderías arboladas, sirve como ecosistema de transición para muchas especies africanas que llegan como nuevas pobladoras, y escogen estas formaciones como lugares para adaptación en Europa, ya que se trata de un paisaje parecido, en el que se sustituyen las acacias por las quercíneas y los grandes herbívoros por las reses y el ganado existente. Casos concreto de éxito en este sentido son la garcilla bueyera o el elanio azul, rapaz espectacularmente bella. Pero no son los únicos, en los últimos tiempos se ha dado un salto de algunas especies como el buitre moteado o la garceta grande. Un ecosistema que define gran parte del paisaje de nuestra nación, un medio rico en especies, con gran influencia en la economía, la gastronomía española (jamón de bellota, carne de retinto...) y en la historia de Europa. La dehesa, sigue siendo un paraíso en la península, que si bien se encuentra en peligro por dos factores: una primera es la falta de regeneración de las especies arbóreas, y una segunda es por la recuperación del sotobosque debido a la despoblación de las zonas rurales. Esperemos que nunca perdamos el paisaje de la dehesa, un paisaje rico, y tal vez, es el más representativo de nuestra nación. Un saludo desde el sur. 




domingo, 10 de mayo de 2015

Castilnovo, o el último prado costero.

El pastizal en primavera.
   Se encuentra cerca el verano, y para mucha gente de otras latitudes, nuestra tierra ya tiene temperaturas estivales, aunque sea primavera. Pronto empezaremos a elegir a que playas iremos este año, y aparte de la nuestra habitual, siempre pegamos alguna escapada a alguna cercana, pero más exótica. No urbana, en definitiva. Y tenemos infinidad de opciones: calitas, playas con dunas vírgenes, con montañas en los alrededores, con marismas, pequeñas, grandes, con acantilados... De toda clase hay en Cádiz, además, mediterráneas y atlánticas. Dos de las más famosas son la del Palmar en Vejer de la Frontera y Los Bateles, en Conil de la Frontera. Dos enormes playones donde cuesta otear la orilla desde donde uno planta la sombrilla, pues es sorprendente la anchura de las mismas. Entre medio, una gran desconocida, y que se salvó in extremis, en época de la maldita burbuja inmobiliaria, de puro milagro, gracias al ayuntamiento de Conil. Pues si Los Bateles, es playa urbana, El Palmar está plagada de diseminados que estropean el paisaje. Por el contrario, en Castilnovo sólo una construcción domina el paisaje: la alta torre vigía construida en época moderna para avisar a las poblaciones costeras de la llegada de los piratas.

Conil desde Castilnovo.

Marismas mareales del río Salado.

 Sin embargo, aún con el enorme valor histórico de la torre, esta entrada de hoy va destinada a dar a conocer la gran categoría paisajística y ecológica del lugar, como uno de los últimos rincones costeros vírgenes. Destacando sobre todo su preciosa pradería, de gran valor ecológico, y mantenida naturalmente por la ganadería retinta de la zona. Por otro lado, a pesar de que el paraje es pequeño, pues ocupa unas pocas hectáreas, tiene variedad de ecosistemas, como la desembocadura del río Salado de Conil, donde vive una especie endémica de fartet, el salinete. Además de tener en su ribera no urbanizada un pequeño sector de marismas mareales. Cerca de la torre, podremos encontrar una laguna formada por la subida de las mareas y por la lluvia, creando otro sistema marismeño importante, donde se encuentra vegetación como el taraje y el junco, además de numerosos endemismos vegetales. En la fauna destaca el mencionado salinete, la garceta común, el aguilucho pálido, y varias clases de anfibios, entre otras especies. Además es lugar de descansadero para aves migratorias. Asimismo, en el prado cercano, es posible observar, aparte del ganado retinto antes mencionado, aves esteparias como el aguilucho cenizo o el alcaraván. Últimamente, se observan también la presencia de ibis eremitas.  Asimismo hay que tener en cuenta la presencia de aves marítimas en la propia línea de playa. Todo un mosaico, pequeño, de ecosistemas que merece ser declarado paraje natural por la Junta de Andalucía, la cual parece que se ha olvidado de la declaración de figuras de protección de numerosos lugares. En este caso además, con el agravante de que fue el propio ayuntamiento conileño el que logró salvar el territorio de la especulación, pues se preparaba otro hotelito con campo de golf (que novedoso...).
Ganadería retinta.


Prado colindando con la arena.
 Yo siempre recomiendo visitar los parajes de Cádiz en dos estaciones distintas, en verano y en invierno, ambas muy distintas. Mientras tanto en invierno como primavera, el verde domina el paisaje, alternado con la policromía de las flores, en verano el paisaje es monocromo, ocre; el prado inundable cede espacio a la reseca estepa. Es el sistema de vida de los pastizales suroccidentales de Cádiz: terrenos verde inundados, donde viven especies de humedales, y áreas secas en época estival, donde habitan aves del secarral más absoluto. Todas las estaciones tienen su encanto, y sus inconvenientes. Pero con esta entrada quiero resaltar el olvidado valor ecológico que encierra la costa de Conil, destacando Castilnovo, pero resaltando también la zona de los pinares de Roche y los acantilados con sus calas. Por cierto, ninguno, de estos lugares protegidos, tampoco, . Pero eso será tema para otra entrada. Un saludo desde el sur.


Desembocadura del Salado.

Playa de Castilnovo.


Camino a la torre.

Pastizales en primavera.


Pozo y abrevadero.

Ganadería retinta en el pastizal.



Laguna y torre al fondo.

Laguna y playa.

Ejemplares de barrón.

Detalle del generoso pasto.

Bunker.

Prado prelitoral.

Ganado en el abrevadero.


Ternerillo.


domingo, 2 de octubre de 2011

El último bosque de llanura

   Por muchos es conocida la leyenda de las doce pruebas, en la que Hércules le roba el ganado al rey Gerión, un ser con tres troncos y otras tantas cabezas; eran unos bueyes sagrados para unos monarcas que se suponían tartésicos, un mito que hoy día se suele situar en tierras gaditanas. Sea o no verdad el mismo, lo cierto es que ésta historia viene a confirmar una tradición que aún hoy día se conserva en la provincia de Cádiz: la ganadería de reses bravas. Cuyo origen, probablemente se remonte a varios milenios (me refiero a la cultura ganadera vacuna, no a la raza en sí), la razón es bien sencilla: lo incultivable del terreno de la campiña suroeste gaditana. Aunque a primera vista nos engañe, pues gran parte del año las praderas de ésta tierra tienen un rico herbazal que llega a alcanzar alturas considerables, sino ha sido frecuentado por los toros, y se mantiene con un color verde intenso en épocas de lluvia (y periodos posteriores), la tierra es muy arcillosa, y por tanto tiende al encharcamiento fácil, llegando a formar auténticos cenagales en invierno, mientras permanece árida y polvorienta en verano (periodo de sequía anual). Ésto es debido a la plasticidad de la arcilla, que tiene nula porosidad, y no permite que el agua de lluvia filtre al interior, formando multitud de lagunas temporales, de las cuales la más famosa era la Janda (antes, la mayor de España), que se secan en periodo estival por causa de la fuerte evaporación. Por ello se hacen impracticables los cultivos, salvo algunos arroceros, y otros en las cercanías de la costa, como en el caso de Chiclana y Conil, teniendo los habitantes de la tierra que subsistir con la ganadería vacuna, siendo, por otro lado, de lo más rentable, pues a hecho rico a un buen puñado de terratenientes. Entre ellas se encuentra, por ejemplo, la famosa ganadería de Torrestrella, de Medina Sidonia. 

    La falta de cultivos ha salvado a muchos terrenos de gran valor ecológico, este lugar, se protegerá como zona de especial conservación (ZEC), dentro de la Red Natura 2000, que protege territorios a nivel europeo un territorio que se encuentra en el triángulo Chiclana, Medina y Tarifa. Ésta vasta extensión ocupa terrenos mayores que muchos parques naturales vecinos, unas 26.476 hectáreas, en las que caben multitud de ecosistemas. Que se pueden dividir, a groso modo, en varios:

    -   Pastizales anuales, o más conocidas como praderas, que tienen un acusado ciclo estacional, que viene marcado por unos periodos muy diferenciados de lluvias, siendo abundantes las precipitaciones entre mediados de octubre y finales de febrero, mientras hay una pertinaz sequía entre mayo y septiembre; los meses intermedios varían en función de la generosidad del año climatológico. Son anuales, porque crecen y se desarrollan en las épocas húmedas, mientras se agostan en las secas. Manteniendo dos colores diferenciados entre el verde y el ocre, según la estación en que se visite. Son muy características las distintas clases de tréboles. Éste es el hábitat ideal para muchos animales esteparios, como las avutardas, sisones, liebres, etc. Y es tal vez, el ecosistema que más porcentaje de terreno ocupe de la zona LIC (Lugar de interés comunitario). Hay que decir, como curiosidad, que por donde el ganado no ha pasado, las hierbas pueden alcanzar incluso alturas de dos metros, aunque son escasas las zonas que quedan así.

    -   Bosques de acebuches, tal vez los más importantes de la zona. La provincia aún conserva la mayor concentración de éstos olivos silvestres de la península, y un bosquete, en las cercanías de Tarifa, con ejemplares que tienen algunos milenios de edad, clasificándose como una de las forestas más antiguas de España. Tienen, en su mayoría, forma adehesada, abierta, con cierto parecido a las sabanas africanas; de hecho se han encontrado formaciones parecidas en la zona del Sahel entre árboles del género olea (acebuches y olivos) y hierbas de la misma familia que las gaditanas, siendo probablemente, un ecosistema que hemos heredado de periodos más cálidos. Al igual que las praderas, son un ecosistema rico para la fauna esteparia, pudiéndose encontrar aves tan interesantes como el elanio azul, la cigüeña negra o el buitre leonado. También hay que decir, que éste es terreno de expansión del águila imperial ibérica, un ave muy amenazada de extinción.

   -  Lagunas y encharcamientos anuales, aunque no se han valorado suficientemente, y muchas veces se han denostado, desecándose gran parte de ellos, aún forman uno de los ecosistemas más importantes de la zona, y el más rico en fauna. En ellas, se da el curioso contacto entre la fauna acuícola, como es el caso de los distintos tipos de garzas, cigüeñas, ranas y galápagos, y animales que pertenecen al mundo de la estepa o los bosques, según se encuentre situado el humedal. Permanecen con agua en invierno, mientras se secan en verano. Son destacables la laguna de la Janda (de la que hablaremos en otra entrada) y un palmitar inundable que se encuentra en las cercanías de Tarifa, y que tiene un aspecto muy exótico, pues ver las pequeñas palmeras rodeadas de agua nos traslada a lugares como el Chaco paraguayo.
 
   -  Zonas de matorrales y arbustos, en su mayoría aromáticos, es éste un ecosistema muy típica de toda la región mediterránea, y aquí también se encuentra presente. Es zona preferente para la fauna mediterránea de pequeño tamaño, como conejos, zorros, etc.

   - Bosques de alcornoques, los de mayor porte y frondosidad, formando bosques islas muy interesantes, en la que conviene destacar el que existe entre Medina Sidonia y Chiclana de la Frontera, en la zona del Junco Real, Cañada de los Marchantes o Pago del Humo, por decir algunas zonas. Alcanza éste bosque tal grado de conservación que actúa como un vergel para muchos animales forestales que no existen en los alrededores, como por ejemplo: cuervos, azores, picos picapinos, etc. También existen en su sector más oriental, pegado ya, al parque de Los Alcornocales, siendo puente de unión entre la fauna de campiña y la del bosque. Se encuentra muy bien conservado, y hasta hace pocos años era accesible a su interior, en los que daba la sensación de encontrarse en un paraje serrano por su frondosidad, y no en las cercanías de una ciudad tan turística como Chiclana.

   - Bosques de pinos piñoneros y eucaliptos, que tienen formaciones, normalmente pequeñas, ya actúan como dormideros de muchas aves, pues son los únicos bosques en muchas zonas, alcanzan muy pocas hectáreas, pero muy valiosas para la fauna.

    - Los ríos, aunque abuntantes en el territorio, tienen escaso caudal, pero son muy valiosos, sobre todo en época de sequía, pues al no secarse, sirven de bebedero de la fauna local. Además, permite la presencia de animales de ribera, como los martines pescadores, abejarucos, galápagos, e incluso algunas nutrias, que también coloniza varias lagunas.

     Cierto es que me he extendido demasiado para algunos, y me he quedado escaso de datos para otros, sin embargo, no me gusta dar una lección magistral sobre éste bello territorio, sino dar a conocer su valor, pues es una zona bastante desconocida, incluso para los lugareños. Es curioso, que con la presencia de tan importantes ecosistemas, y de una rica y variada fauna no se haya protegido como parque o paraje natural. Pues tiene una rica red de cañadas y veredas que permitirían su fácil acceso de cara al senderismo, pues sería sencillo, incluso para ir con niños al tratarse de un terreno extremadamente llano. Sin embargo, han quedado relegados en su mayoría como cotos privados de caza, o terreno para las reses bravas, algo que se puede mantener aún protegiéndolo con alguna figura legal. Pues no es ésto lo que me preocupa, sino la fiebre de los campos de golf que venimos padeciendo la provincia desde hace un par de décadas. Ésto sí sería una catástrofe que empobrecería la fauna, e incluso los recursos de los ciudadanos de la zona, pues a pesar de las generosas lluvias invernales, no hay que olvidar que las sequías también son frecuentes cada determinados años, y después vienen los cortes de aguas a determinadas horas. La protección de toda ésta zona haría justicia a una fauna y  flora que poco, o nada, tiene que envidiar a la de los parques vecinos. Un saludo desde el sur.