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domingo, 16 de julio de 2017

Iglesias modelos I parte.

Puerta de San Juan. Jerez de la Frontera.
 Nuestra comunidad autónoma es de rico patrimonio arquitectónico, y especialmente, por su devoción popular, el arte sacro ocupa un lugar destacado dentro del panorama arquitectónico local. Y aunque hay templos católicos de todos los gustos y estilos, lo cierto es que hasta finales de la Edad Media, o principios del Renacimiento, hay una serie de patrones que se erigen como modelos de un determinado estilo de iglesia. Hablo de arquitectura, claro, porque en lo artístico, ya influyen otros factores, como tal o cual devoción mariana o no, las costumbres del lugar, y el devenir histórico: no es lo mismo los templos de la zona costera de Huelva o Cádiz, que se han visto afectados por el seísmo de 1.755, o por los distintos asedios piratas o navales, que los de Córdoba o Sevilla capitales lejanas a la costa y con mayor población morisca. O como en el caso de Almería, que se vio afectada por los bombardeos de la Guerra Civil. Y en casi todas ciudades, a lo largo del XIX o en la II República, sufrieron los efectos de la quema por manos de alguna turba anticlerical, o por efecto de las desamortizaciones (muy típicas en conventos y monasterios) o por el paso de otra guerra muy sufrida por el fenómeno de la esquilmación, como es la de la Independencia contra los franceses o los británicos (supuestos aliados), donde se pueden encontrar muchas joyas nuestras en sus museos.
Típico ábside poligonal. Alcalá de G.

  Sin embargo, a raíz del Renacimiento, aunque suene paradójico por lo estricto de sus códigos arquitectónicos, el constructor tenía mayor libertad para dejar su sello personal en sus obras. Hasta entonces, muchos de ellos, se servían del modelo matriz de su región, que venían, una vez más, determinados por factores históricos y de población. En toda la España que fue musulmana se da el fenómeno mudéjar, que se mezcla con otros estilos cristianos, el románico en Aragón por ejemplo, y el gótico en Andalucía. Este último estilo, entraría de forma más cristiana, ya tardíamente, en el siglo XV, y perduraría hasta el XVI, coexistiendo en muchos sitios con el renacentista. Cualquiera que venga a nuestra comunidad autónoma, podrá observar como hay una serie de patrones que unen a una serie de templos que encuentran en una iglesia matriz como patrón a seguir, un modelo de inspiración, que muchas veces sobrepasa al propio estilo arquitectónico original, como ya veremos adelante. Sin entretenerme mucho más, voy a exponer los modelos más comunes, sobre todo en el valle del Guadalquivir, un ente más uniformado, ya que al ser una tierra llana, había más fluidez para el intercambio de estilos e ideas. Ahí van:
La Magdalena, Córdoba.

  • Iglesias gótico mudéjares: Son el modelo más común y numeroso de iglesias medievales andaluzas. Y sus formas corresponden a su devenir histórico, pues durante un tiempo importante de dos siglos, Andalucía seguía teniendo una importante población morisca que estampaba su sello en los templos. Ya que normalmente, los alarifes y obreros eran musulmanes en su mayoría, sus obras parecen destinadas a una mezquita que a una iglesia cristiana. De hecho, hay templos en los que aún se dudan si su origen fue tal, o por el contrario, nació como construcción católica. Se caracterizan generalmente, por una portada con arcos ojivales abocinados y rosetón, tres naves con arquerías igualmente apuntadas, abundancia de yesos y cerámica musulmana, presencia de alfiz, empleo del ladrillo (muchas veces visto), un techo con artesonado de madera, una bóveda gótica donde se encuentra el altar, y la presencia de una sola torre campanario, situada en un lateral, y que muchas veces se asemeja a un alminar. Aunque de todo ésto, como veremos, hay diferencias entre localidades y provincias. Pese a que podemos considerar que dicho estilo nació con las iglesias fernandinas de Córdoba, es en Sevilla donde arraiga con más fuerza, dando un modelo para el resto del bajo Guadalquivir. No obstante, no se puede saber claramente, cual fue la primera iglesia matriz, a diferencia del resto que ya iremos viendo más adelante.
    • Córdoba. En la ciudad del Guadalquivir, antigua capital del Califato, se establecen los primeros templos que darán inspiración a las del valle del Guadalquivir a medida que las fronteras entre Castilla y Granada vayan cambiando de bando. Aquí nacen las llamadas iglesias fernandinas, auspiciadas bajo el reinado de Fernando III el Santo, y son templos que sirven de transición entre un románico ya, bastante tardío, y un gótico que empieza a asomar por estas tierras meridionales, aunque, como hemos indicado, con un sello mudéjar. No obstante, la influencia castellana es bastante notoria aún, y el uso de la piedra es comúnmente extendida, así como la presencia de contrafuertes en el exterior. Sin embargo, ya se nota lo que va a ser el típico estilo mudéjar posterior. Ejemplos claros son la iglesia de Santa Marina, la más "románica" de todas, o las más típicamente mudéjares como San Nicolás de la Villa, San Miguel o San Andrés, o la que tuvo una reforma posterior renacentista, como San Pedro.
Santa Marina, la más románica.

San Lorenzo, porticada. 

Iglesia de la Magdalena, mudéjar típico.

San Pedro, con reforma renacentista.

Magnífico interior de San Pedro.

San Nicolás con su torre.

    • Sevilla. Es en la capital hispalense donde el gótico mudéjar se desarrolla plenamente, adquiriendo su aspecto típico andaluz, ya hablamos de una arquitectura alfonsí (Alfonso X, el Sabio),  y que servirá de modelo al resto de la zona. Aquí ya se puede hablar del uso del ladrillo (salvo en las puertas, normalmente de cantería), el uso típico de cabeceras poligonales con remates almenados y escalonados al modo musulmán, las torres, cuando no son directamente alminares aprovechados, imitan el estilo Giralda; y ya, la desaparición de los contrafuertes, abandonando de pleno el románico, a diferencia de Córdoba, gracias al uso de materiales más ligeros. Es tan común el estilo en la ciudad, que es patrón en casi todas las iglesias de la misma, pues incluso templos nuevos para distintas cofradías, aunque actuales, copian dichas estructuras. Es paradójico decir que la catedral hispalense, en un estilo gótico flamígero, más cristiano, es más común como patrón, en otras ciudades, como Jerez o Arcos, que en la propia Sevilla. Mientras que aquí, las iglesias mudéjares se encuentran más o menos reformadas posteriormente, por miles. Solamente voy a nombrar algunos ejemplos más típicos de las decenas existentes para no alargar más el apartado: las de Omnium Sanctorum, San Gil y San Román, del siglo XIII, y de las más antiguas de la ciudad; Santa Marina, San Andrés, San Esteban y San Marcos, que son de los ejemplos mejor conservados, Santa Catalina, de las más mudéjares con un aspecto muy oriental, y que conserva curiosamente elementos toledanos en el llamado "Redondillo" frente al bar El Rinconcillo (para quien conozca la ciudad), y algunas más transformadas, pero no menos interesantes, como la trianera de Santa Ana, San Pedro o San Lorenzo entre otras muchas existentes en la ciudad. Pero no hemos de ceñirnos únicamente a la capital, ya que fuera de ésta, en la misma provincia encontramos otros ejemplos más que destacables, como ocurre en la cercana Alcalá de Guadaíra, donde destacan las iglesias de San Miguel o Nuestra Señora del Águila, con la típica arquitectura mudéjar, o la más transformada, de Santiago el Mayor; también destacable son los templos de la parte más antigua de Marchena, como la iglesia de San Juan o la de Santa María de la Mota, también típicos sevillanos. También hay otro catálogo de templos mudéjares en la monumental Carmona, donde destacan la iglesia de San Felipe, la de San Bartolomé, o la de Santiago como ejemplos más puros, y la de San Blas con reformas barrocas. No son las única localidades con este tipo de templos en la provincia, pero me veo obligado a acortar la lista con el fin de no alargar más el apartado sevillano.
Iglesia de San Marcos.

Iglesia de San Isidoro.

Iglesia de Santa Ana.

Iglesia de Omnium Sanctorum.

Iglesia de San Vicente.

Santa María la Blanca.

Iglesia de San Román.


Torre de Santa Catalina.

Iglesia de San Julián.

Capilla deSanta María de Jesús.
Nuestra Sra. del Águila. Alcalá de Guadaíra.

San Felipe. Carmona.

Iglesia de San Juan. Marchena.

Santa María de la Mota. Marchena.

    • Huelva. En la capital onubense, existen dos ejemplos de mudejarismos algo transformados por las reconstrucciones barrocas tras el terremoto de 1.755, que dejó a la ciudad prácticamente hecha escombros. La principal, es la iglesia más antigua de la localidad, me refiero a la iglesia de San Pedro, situada en un cabezo junto al castillo que existía por aquel entonces. Salvo por las mencionadas reformas posteriores, se puede observar como la parroquia cumple el prototipo de templo mudéjar andaluz, de similar estructura a las de Sevilla, ladrillo visto, con tres naves, rosetón en la fachada, una sola torre, arquerías apuntadas, bóvedas góticas junto al altar y ábside poligonal. El otro ejemplo se encuentra en la céntrica iglesia de la Concepción, que aún conserva la estructura original de tres naves, siendo más alta la central, y algunas bóvedas góticas, el resto muy restaurado tras el mencionado terremoto. No debemos abandonar la provincia sin incidir en sus pueblos donde se conservan magníficas muestras de mudéjar sevillano, como ocurre con Palos de la Frontera y la iglesia de San Jorge, que igualmente hace uso de las mencionadas estructuras, así como de azulejería. En la cercana Moguer el único ejemplo conservado casi íntegro es la ermita de San Sebastián, de una sola nave, y tapada entre edificios, tanto que hoy día, casi sólo se observa la fachada, la otra parroquia, la de Nuestra Señora de la Granada, si bien nació teniendo dicho estilo, casi fue reedificada al completo tras el terremoto, permaneciendo como único elemento superviviente la torre, toda una pequeña Giralda, eso sí, con reformas barrocas. El otro templo mudéjar, el de Santa Clara, prefiero incluirlo dentro de los estilos Colombinos, que trataré más adelante en la próxima entrada. En la amurallada Niebla pervive la, también, parroquia de Nuestra Señora de la Granada, otro fenómeno mudéjar, que además conserva muchos elementos anteriores, de cuando era mezquita, el otro ejemplo claro de mudéjar, es la iglesia de San Martín, de la que sólo quedan los restos de la fachada con arco de herradura apuntado y alfiz, además el ábside gótico, todo eso sí, con el típico ladrillo visto. Sin embargo, en la provincia onubense, los mejores ejemplos conservados de mudejarismo sevillano los podremos encontrar en la localidad de Palma del Condado, con varios ejemplos magníficos: como la ermita de San Sebastián que mantiene su estructura típica, transformada exteriormente por una reforma barroca,  aunque conserva perfectamente su interior, otro caso es el de la iglesia de nuestra señora del valle, conservada íntegramente, y que aunque con algunas reformas, es la mejor muestra de mudejarismo onubense, siendo además, el edificio religioso más antiguo de la localidad, conservando las tres naves separadas por arcos apuntados, artesonado y demás elementos típicos de éste estilo.
Iglesia de la Concepción.


Interior de San Pedro.

Fachada de San Pedro.
San Jorge Mártir. Palos de la Frontera.

Ábside de San Martín en Niebla. Ruínas.

Virgen del Valle. Palma del Condado.
Interior de la Virgen del Valle. Palma del C.

    • Cádiz. Por último, y en este apartado, hay que decir que en la capital gaditana, solamente perviven algunos elementos de un templo que sí cumplió con las estructuras típicas referidas, y que se sabe por grabados antiguos; me refiero a la parroquia de Santa Cruz o Catedral Vieja, que tuvo que tener un aspecto parecido los citados templos, aunque con la variedad de estar construida en piedra ostionera y no en ladrillo, como era común en la ciudad, todo ello fue arrasado en el asedio inglés de 1.596. Hoy día sólo perviven parte de los muros, y sobre todo, la capilla bautismal, que conserva bóveda, y el arco ojival de la entrada, así como algunos autores expresan, que también la torre, exenta al templo, es anterior, y probablemente fuera alminar de la mezquita que aquí se situaba, aunque hoy día tiene muchas reformas barrocas. El gótico mudéjar se puede encontrar escasamente en las distintas ciudades que se sitúan en la fachada atlántica de la provincia, pues en nuestra tierra el gótico toma como modelo mayormente la catedral sevillana. El principal ejemplo lo encontramos en Sanlúcar de Barrameda, con una muestra típicamente sevillana, la parroquia de Nuestra Señora de la O, que conserva todos los elementos propios del estilo más hispalense, ladrillo, portada labrada en piedra, artesonado en el techo, arcos ojivales...Para ver otros templos de características similares tendremos que ir a Bornos, con la ermita de la Resurrección, pequeña y de aspecto muy oriental, con azulejos, ladrillo visto, almenado y artesonado, también en Vejer de la Frontera, donde la parte más antigua del templo del Divino Salvador tiene elementos mudéjares, consevando el antiguo alminar de la mezquita, aunque si bien, aquí se emplea un extraño románico tardío, volviendo a los orígenes cordobeses,  o Villamartin, pues en la localidad serrana, se conservan elementos típicos del mudéjar sevillano, aunque con una amplia reforma renacentista y barroca, y con una estructura que recuerda, lejanamente, a la de San Isidoro en Sevilla. Sin embargo, los mejores ejemplos los encontramos en la ciudad de Jerez de la Frontera, muy importante plaza en el medievo, con dos iglesias más que destacadas en este estilo, pues son las que mejor conservan en la localidad los elementos mudéjares: San Dionisio, parroquia que luce portada con arcos ojivales abocinados, ladrillo y artesonado en el techo. Destacable es su torre campanario, llamada de la Atalaya, y que si bien parece de pleno un alminar por sus arcos lobulados, es construcción posterior a la conquista cristiana. El otro caso es el de San Lucas, que conserva casi todos los elementos, aunque con una importante reforma barroca en el interior. Otras como la de San Juan, conserva el ábside poligonal, sin embargo el resto tiene reformas góticas flamígeras y renacentistas; y partes, muy escasas de San Mateo, que al igual que en Vejer, en sus partes más antiguas tiene elementos mudéjares y tardo románicos. 
Detalles mudéjares en la torre del Sagrario
de la Catedral Vieja de Cádiz.


Torre de la Catedral Vieja.
Bóveda gótica, Catedral Vieja.

Capilla Bautismal. Catedral Vieja.
Nuestra Señora de la O. Sanlúcar de Barrameda.

Interior de Nuestra Señora de la O.
Ermita de la Resurrección. Bornos.
Torre mudéjar. Divino Salvador. Vejer.


San Lucas. Jerez de la Frontera.


San Dionisio. Jerez de la Frontera.

Torre de la Atalaya. San Dionisio. Jerez.

 Termino la entrada de hoy con la mención de las iglesias mudéjares andaluzas, que como se puede ver, son de lo más importante a nivel patrimonial en nuestra comunidad autónoma. Continuaré con otras iglesias que han servido de modelo en la siguiente entrada, donde ya sí que hay templos matrices que sirvieron de inspiración al resto, incluyendo el nombre del arquitecto que dio lugar al modelo que posteriormente siguieron las demás. Un saludo desde el sur.


sábado, 17 de junio de 2017

La importancia de los bosques islas.

Bosquetes en la campiña gaditana.
Campiña latifundista.
 Antes de empezar a profundizar sobre la importancia de dichos bosques, habría que definirlos, pues aunque la mayoría de nosotros los hayamos vistos incluso desde el automóvil cuando vamos en carretera, por ejemplo, no es un término generalizado dentro de la cultura general. Cuando los expertos en cuestiones medioambientales se refieren a los bosques islas, hablan de lo que usualmente, se denomina por la mayoría, un bosquete, es decir, un pequeño bosque, que pudiendo ocupar incluso varias hectáreas o kilómetros cuadrados, se encuentra enclavado en un territorio que es desarbolado, por ejemplo, en las típicas campiñas europeas, en las estepas, o en las sabanas africanas. Son bosques de especial importancia debido a que ofrecen por un lado un ecosistema diferente, bastante más húmedo que el que existe en el entorno, y que acoge a una fauna distinta, forestal, cuya supervivencia depende en absoluto de dicho bosque. Por otro lado, a las mismas aves, e incluso mamíferos, de la zona, les ofrece un refugio seguro en un ambiente abierto, donde es difícil ocultarse, o descansar. En otra entrada hablaré, sobre otros bosques que también tiene las mismas bendiciones, o incluso mejores, los de ribera, que bordean a un río. Pero eso será en otra entrada. 

El olivar es un bosque en sí mismo.
Subbética Cordobesa.
 Una vez aclarado los conceptos, algo más generales, hay que volverse para nuestras tierras del sur, donde las campiñas, por cuestiones históricas, suelen ser de carácter latifundista, es decir, que un solo dueño controla amplias extensiones de tierra, ya sea para ganado, agricultura o aprovechamientos forestales entre otros, aunque lo normal es que haya un uso mixto, y unas hectáreas se dediquen a una función, mientras que otras tengan distintas labores. Esto ha tenido sus ventajas y sus inconvenientes de cara a la conservación del medio, por un lado, cuando se trata de agricultura sobre todo, el trabajo de la tierra y la transformación del paisaje es bastante intensivo, aunque por otro lado, paradójicamente, en cuanto hablamos de ganadería o de aprovechamientos forestales, el latifundio ha logrado que se conserven mejor los territorios boscosos o las praderías, a diferencia de lo que ocurre con el minifundio, típico del norte español, donde la campiña se reparten en pequeños terrenos para distintos propietarios, ello ha permitido un mayor fenómeno de industrialización, y el poco rendimiento económico, de los bosques primarios, que suelen arder "casualmente", para aparecer al cabo de los años, el monte poblado de eucaliptos y pinos. Por otro lado, el latifundismo permite una mayor concentración de lugareños en grandes núcleos poblacionales, los pueblos de Andalucía occidental, que raramente bajan de los 10.000 habitantes en territorios cultivables, en el norte en cambio, proliferan pequeñas aldeas o parroquias, que dominan los alfoces o concejos de la población de mayor tamaño, dando lugar a un territorio mucho más humanizado. Ahora bien, las lindes  de los terrenos de las campiñas norteñas, son similares a las de la fachada atlántica europea, es decir, la típica campiña cantábrica o inglesa de territorios parcelados, a modo ajedrezado, y con la separación de bosques linderos. Esa es la principal desventaja del sur español, donde las grandes extensiones cultivables impiden la presencia de dichas forestas, por eso la importancia de los bosques islas. Que suponen un respiro en los resecos estíos, y un refugio en las noches, y en los fríos inviernos. Pues dentro de los mismos, el grado de humedad es mayor y temperatura tiende a una menor oscilación térmica, por lo que son más frescos en verano, y menos fríos en invierno. Aunque eso, claro está, depende de la especie dominante, edad y espesor del bosque. No es lo mismo un bosque de pinos piñoneros y eucaliptos, bastante más abiertos en su formación, que un espeso alcornocal. No obstante, cada una ofrece sus virtudes y defectos, los mismos eucaliptos, al ser especies tan altas suelen ser lugar de oteadero de aves rapaces, por ejemplo. En cuanto a los alcornoques, acebuches o encinas, típicas especies mediterráneas, ofrecen, sino se encuentran adehesadas, una formación más espesa y abigarrada, donde se ofrece otro "mundo" distinto al exterior, además de, por sus fuertes  y seguras ramas, un lugar más seguro para la nidificación, sobre todo de grandes especies, como el águila imperial, o la cigüeña negra, entre otras joyas sureñas. En un punto y aparte tenemos que considerar a las campiñas de olivares, extensas en España, especialmente en Andalucía, porque aunque sea un cultivo, cumple las labores de un bosque adehesado, por lo que da también refugio a otras aves forestales.
Pinar del Hierro.

 Ya reduciendo el panorama geográfico, cabe sorprender que nuestra provincia de Cádiz es de las menos forestales de nuestra nación, pues la imagen de las serranías orientales, con los espesores de Grazalema y los Alcornocales, que además siempre están en la clasificación de los expertos entre los diez mejores bosques españoles, nos dan lugar a la confusión. Fuera de ahí, nuestra tierra, se compone de grandes extensiones de zonas húmedas, áreas marismeñas y lagunares, desarboladas por lo común, así como de una enorme campiña, que se puede dividir en dos, una zona norte, de Chiclana hacia Jerez y de Chipiona hasta Alcalá del Valle, que tiene grandes aprovechamientos en el campo de la agricultura intensiva, sobre todo de vid, olivos en las zonas más serranas, y trigo en las áreas más secas. Se trata de una zona muy degradada ambientalmente, con escasos bosques islas, pero muy valiosos por donde se encuentran. Y la que es para mí, la campiña más valiosa, desde la misma localidad chiclanera, y hasta Alcalá de los Gazules, formando un triángulo hasta Tarifa, es un territorio muy poco cultivable, debido a lo arcilloso del terreno, muy plástico, dando lugar a un escasísimo drenaje, y fácil encharcamiento, que da lugar a las abundantes lagunas de la zona (las que aún no se han drenado), de carácter temporal, pues, una vez llegado el calor tienden a evaporarse. Es por tanto, una campiña de grandes ganaderías, sobre todo bovina, ya sea de vacas retintas o reses bravas, y que han creado un rico ecosistema en el que hombre y medio conviven. Dentro de esta misma campiña se encuentran ricos bosques islas, formadas normalmente por acebuches, aunque también hay pinos piñoneros. Sin embargo, si he destacar alguno que supone un auténtico oasis boscoso, con multitud de especies forestales, como los picos picapinos, o los cuervos, habitantes más propios de las sierras y bosques orientales, es el bosque que se encuentra entre Medina Sidonia y Chiclana de la Frontera, que ocupa zonas de Junco Real, el Cordel de los Marchantes o el Pago del Humo entre otros lugares. Aunque bastante amenazado en el término chiclanero a causa de las construcciones ilegales, aún conserva su riqueza forestal. Otro de gran valor, y cercano, es el llamado Pinar del Hierro, en Chiclana, y cerca de la Laguna de la Paja. En este caso es un espeso bosque de pino piñonero de grandes dimensiones, y que marca el límite del territorio muy humanizado con respecto al rural. Del valor del mismo, cabe destacar que tiene más endemismos en unas pocas hectáreas que varios países europeos juntos: 23 del pinar, por 5 de Reino Unido y 15 de Alemania, por ejemplo. Aunque no es el único, hay otros valiosos bosques de pinos piñoneros, muchos de carácter abierto, pues se dice que los dichos árboles pueden tener un origen tropical, de sabana, de ahí su copa aparasolada también. Por otro lado, no siempre hay que considerar a los grandes árboles como bosques islas, también los pequeños como los acebuches, los más abundantes en nuestra campiña sur, forman miniespesuras junto a los lentiscos y palmitos, también estos últimos matorrales han sido de vital importancia para la fauna, en ellas se esconden galliformes, lagomorfos, y aún queda la esperanza de que vuelva a aparecer el Torillo andaluz, ave que actualmente se da por extinguida, pero eso será otra entrada. Un saludo desde el sur. 

Pastizal gaditano, bastante rico en gramíneas anuales.
Ejemplo de bosque isla en un terreno cultivado.











Cádiz es tierra de palmitos y retintas.
Los bosques islas de acebuches son los
 más comunes en Cádiz.










Espeso alcornocal en el Cordel de los Marchantes.
Espesura dentro de un bosque isla.











Bosque isla de eucaliptos y acebuches.

Los pinos piñoneros también forman bosques islas.










El mochuelo, ave típica de estos ecosistemas.