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domingo, 13 de noviembre de 2011

La Santa Cueva


Ahora que por fin entra el otoño y el frío empieza a asomar, es hora de empezar a hacer planes distintos para los fines de semana. Hay ya que buscar algunas distracciones que se desarrollen más en interiores que en exteriores, aunque al paso que vamos, si las temperaturas no bajan, nos vemos celebrando las uvas en la playa Victoria. Dicho esto, y si el calentamiento global lo permite, y no tenemos un tercer verano tan largo como el de San Martín, una recomendación, fuera parte de visitar la infinidad de centros comerciales y grandes almacenes que rodean a las ciudades, es la de ponerse al día en nuestra historia local y visitar algún museo o monumento cercano, y que seguramente desconoceremos. Esto es aplicable a todo nuestro país, que tiene por costumbre olvidarse de su glorioso pasado; seguramente, nos encontremos con entradas gratuitas o a un módico precio, y con ello ayudamos, aunque no lo creamos a nuestro patrimonio, pues un mayor número de visitas implica mayores cuidados para nuestras joyas locales.

Hoy me propongo a hablaros de una maravilla que se sitúa en la ciudad de Cádiz, y que, de manera incomprensible, es una auténtica desconocida incluso en su propia ciudad. Apartada de las grandes rutas turísticas del casco antiguo, es un auténtico compendio de arte que cae en el más absoluto olvido, aunque, todo hay que decirlo, está muy bien conservada y cuidada. Se trata, en cuestión, de un pequeño oratorio: la Santa Cueva de Cádiz. Un misterioso templo que tiene dos capillas, una encima de la otra, literalmente; el nombre no es caprichoso, y el oratorio se llama así por estar situada, una de sus capillas, precisamente en una cueva subterránea. Se podría dividir la Santa Cueva, de modo muy claro, en dos partes, muy diferentes la una de la otra, pues la capilla baja o subterránea es de lo más austera, mientras que la capilla alta, que se encuentra justo encima, está decorada con muy buen gusto. Todo tiene su sentido, primero se debe bajar a la capilla baja, donde la sobriedad y la oscuridad de la iglesia representan a la vida terrenal; la propia imagen del Calvario con un Cristo muy sufriente da idea de lo dura que es la existencia. A la capilla alta se asciende por unas angostas escaleras de mármoles, y en ellas te puedes encontrar con alguna sorpresa, como la auténtica partitura de “Las Siete Palabras”, obra musical de Joseph  Haydn que fue encargada, por los fundadores del templo, allá por el siglo XVIII, al compositor austriaco, expresamente para el oratorio; una sinfonía que aún se escucha aquí todos los Viernes Santos. Una vez llegado al templo superior, nos encontramos con todo lo contrario, aquí domina el horror vacui, todo está adornado al gusto más puramente barroco, aunque ya se pueden observar formas academicistas que darían lugar al neoclásico. Los mármoles son de proporciones enormes, y de todos los colores: rosados, blancos, negros…Algo que sin duda, tuvo que costar una auténtica fortuna para la época (y para la nuestra). También son impresionantes unos relieves hechos en estuco blanco, y que representan al Bautismo de San Luis Gonzaga y de San Estanislao, ambos son obra de Cosme Velázquez. Pero si para Ud. aún os parece poco, también el templo goza de maravillosos cuadros pintados por algunos de los pintores de más renombre nacional e internacional, como por ejemplo José Velázquez o Goya, quien deja dos obras, por encargo, en el templo: La Santa Cena y el Milagro de los panes y los peces. Asimismo las esculturas del templo, y sobre todo, el impresionante fresco de la cúpula son dignos de destacar. Una vez fuera el templo nos deja en completa confusión, una espartana fachada neoclásica, sin más adornos que unos cuantos frontones triangulares, y con triste color gris, que no hacen honor a lo que existe en su interior. De hecho, mucha gente pasa por delante sin saber que allí se encuentra un oratorio. Pero como todo aquí, hay una explicación de porqué tanta austeridad. Se debe precisamente a la necesidad de pasar desapercibida, y no llamar la atención; a causa de sus orígenes. Antes de que se construyera el templo en cuestión, se reunían en una casa particular, unos cuantos ricos comerciantes, en su mayoría genoveses, a rezar, a altas horas de la madrugada. Una costumbre extraña que empezó a llamar la atención de los viandantes y vecinos de la zona. Todo ello dio lugar a todo tipo de habladurías, entre la que se contaba que los miembros en cuestión de dicho grupo pertenecían a algún tipo de secta herética. Para combatir dichas injurias, los ricos burgueses empezaron a construir el templo que les acabo de describir, y que al ser de mayoría genovesa, dejaron recuerdos de dicha ciudad, como es el caso de los ricos mármoles de Carrara, o incluso, la propia arquitectura, que en ocasiones recuerda, a la de los templos del país transalpino.

     Aunque seguramente, haya personas que sepan más que yo, de las joyas de dicho monumento, y me tachen de corto a la hora de describir, y no sin cierta razón; soy consciente de que se me han pasado muchos elementos por alto, pero que lo que al fin y al cabo, pretendo es dar a conocer una joya muy poco conocida. Para profundizar más, hay libros especializados, y en el mismo templo, las explicaciones son excelentes, y lo más importante en éstos tiempos de crisis, el precio es de lo más barato, un solo euro. A cambio podrán gozar de un auténtico compendio de arte, en el que están representadas todas sus ramas: música, arquitectura, escultura, pintura…Puede parecer un tópico, y puede que a los lectores de éste blog les parezca repetitivo, pero lo vuelvo a decir, porque es una verdad más grande que éste oratorio: de estar situado en otro país, sería mucho más famoso y visitado, habría colas para entrar en él, como ocurre en muchos otros rincones, por ejemplo de Florencia o Venecia. Pero nosotros, preferimos quedarnos con las playas y el carnaval para exportar a los extranjeros, en un turismo, mayormente, descerebrado, pues ni siquiera se profundiza en el arte del carnaval, sólo se vende lo superficial. Y así nos va. Un saludo desde el sur. 
Imagen de la Capilla Baja

Foto del Altar de la Capilla Alta

Capilla Alta

La cúpula, en realidad, salvo los ángeles, todo es un fresco.

Detalle de los angelitos de la cúpula.

Bautismo de San Luis Gonzaga.

San Estanislao

Altar con sus pinturas y esculturas.

Imagen más general del mismo.

Ángel con un cuadro de fondo.

La Sagrada Cena de Goya.

Fachada del oratorio.
El milagro de los panes y los peces, de Goya.

domingo, 6 de noviembre de 2011

La influencia inglesa en Andalucía

Si alguien lograra imaginar dos polos más opuestos que los existentes entre Andalucía e Inglaterra se llevaría el premio gordo a la perseverancia y al ingenio; sin embargo, ambos mundos son mucho más cercanos de lo que la mayoría de los españoles pensamos. Asociamos nuestra tierra a las ferias, playas, al sol, a los caballos y los toros; es nuestro mundo heredero del reino musulmán más glorioso que existió en el mundo, y con un fuerte sustrato judío que tampoco le andaba a la zaga; en nuestra tierra escasean los días nublados y los de niebla (al menos en la parte oriental), y las personas suelen expresarse de forma gesticulante; además, a priori, son más cercanos, abiertos, y no rehúyen del contacto  físico, sino que además, lo buscan. Los ingleses por el contrario, viven en un territorio de eterno nublado, son fríos y distantes, y para nada son cercanos. Sin embargo, esto, lejos de ser una realidad, son tópicos establecidos, muchas veces, sin justificación alguna. Pues aparte de nuestra herencia latina, árabe, judía o visigoda; hay que decir, sin temor alguno, que tal vez, la última cultura que nos influenció de manera notable (antes de las modas americanas) fue, sin duda, la inglesa. Que nos dejó una profunda huella en el siglo XIX, e incluso, principios del XX; y todo hay que decirlo, para bien, y para mal. Pues a diferencia de, por ejemplo la India, lo nuestro fue una colonización encubierta, donde, por decirlo de algún modo, las primeras multinacionales explotaban, y de muy mala manera, por cuatro reales a los jornaleros y operarios de la zona. Pero hay que decir, que todo comienza mucho antes, cuando el mundo empieza a globalizarse, en el siglo XVI; en los puertos de Sevilla, Sanlúcar y Cádiz se concentran y viven, multitud de comerciantes ingleses e irlandeses, que para la época era lo mismo. En cambio, en ésta época, salvo algún detalle puntual, poca influencia se deja notar.
Será en plena decadencia de España cuando los ingleses vieron un filón en el escaso tejido empresarial de la zona sur de nuestro país, y se interesaban, sobre todo, en el mercado del vino, y en las minas existentes en la comarca del Rio Tinto, también Sevilla mostraba interés en ciertos mercados para ellos. Por ejemplo, una herencia palpable, en éste caso futbolera, es la fundación del decano del futbol español: el Real Club Recreativo de Huelva, que fue fundado en 1.889. Un club que nació, gracias a una extraña afición que traían éstos forasteros, que de vez en cuando organizaban partidos con los obreros, nacía de éste modo, el deporte rey en España, pues pronto se expandiría por todo el país. La arquitectura, es tal vez, la que más deja entrever la absorción de una cultura ajena. En muchos lugares de Andalucía occidental es común observar casas y edificaciones con clara arquitectura inglesa, pero que incorpora elementos andaluces. Como por ejemplo ocurre en algunos edificios de Jerez o en el Barrio Obrero de Huelva, donde las casas tienen tejados a dos aguas, decoraciones de madera, jardines delanteros, mezclados con cal, azulejos y rejería de hierro forjado. También se puede observar una rica arquitectura inglesa en el Campo de Gibraltar, pero a diferencia del resto de zonas andaluzas, aquí la influencia viene desde que los ingleses toman por suyo el peñón y la ciudad de Gibraltar, que aún sigue bajo bandera británica. Aquí, aparte de la arquitectura, la vecindad obligada, influye también en cosas como el habla local, y no es extraño encontrar, palabras de origen inglés pronunciadas en un perfecto andaluz, como pasa, por ejemplo con la Chevinga, que proviene de Chewing Gum (chicle). Pero volvamos a la arquitectura, que es lo que más me gusta, hay bellos ejemplos sobre todo en tres ciudades: Huelva, por decirlo de algún modo, capital de la región minera, y puerto de salida de los buques que zarpaban con los minerales hacia Gran Bretaña. Jerez de la Frontera, lugar favorito de los empresarios del vino; obsérvese que todos los nombres de las grandes familias son Terry, Osborne, etc. Y Algeciras y zonas aledañas, pero como ya comenté antes, a causa de la cercanía al Peñón. De cuatro ciudades destacaría tres hitos arquitectónicos: en la capital de los dos ríos (Tinto y Odiel), como ya dije antes, el Barrio Obrero, una bonita urbanización de finales del XIX, que mezcla la arquitectura inglesa con la andaluza; además por el tamaño de sus casas y jardines, se puede observar la jerarquía laboral de quienes ocupaban, en origen, las casas; y el muelle del mineral, obra maravillosa de la arquitectura del hierro. En Jerez, sobresale el pabellón del Jockey Club, hoy Depósito de Sementales, propiedad del ejército, es una extraña arquitectura modernista que mezcla lo inglés con lo japonés y lo andaluz. Y por último, en la ciudad de la isla verde, el Hotel Reina Cristina, de impresionante arquitectura inglesa colonial, con tintes tropicales, algo muy típico, de muchas casas de origen inglés en la zona; asimismo, es muy interesante por la cantidad de historias de espionaje que se han dado entre los que se alojaron allí, y que pertenecían a varios de los servicios secretos más importantes del mundo, el británico y el español, por supuesto, como rivales; además de los alemanes, soviéticos o americanos. Y por ser lugar donde se alojaron varios diplomáticos que participaron en la famosa Conferencia de Algeciras de 1.906, donde se decidió dividir en dos el Protectorado de Marruecos, con una parte francesa y otra española.Y por último, de Cádiz, destacaría dos edificaciones de clara influencia británica: la fábrica de tabacos, sobre todo en su parte trasera; y el depósito, también de tabacos, situada en Puertas de Tierra, y que a pesar de su arquitectura regionalista, tiene elementos típicos ingleses; ambas son buenas muestras de la arquitectura industrial del XIX inglés, aunque el depósito, es posterior, de principios del XX.
El resto de ciudades, también participaron la influencia anglosajona, como es el caso de Almería o Málaga, aunque en menor medida, aún así, a lo largo de los siglos XIX y XX, se pueden observar en muchas ciudades, edificios que recuerdan la presencia de éstos emprendedores británicos, que por primera vez, trasladaron sus multinacionales a territorios que no eran ni suyos, ni estaban colonizados por ellos (al menos en teoría). No pocos hechos de armas se vivieron entre españoles e ingleses, como fue la Revuelta de Riotinto, donde los segundos a causa de una explotación minera a cielo abierto, dejaron escapar una serie de vapores y sustancias tóxicas que dejaron estéril el campo durante generaciones. Ello desembocó en unos graves disturbios donde la policía disparó, sin piedad, a los jornaleros que luchaban por lo suyo.  Es éste artículo una aproximación muy resumida, de un mundo, que es mucho más amplio, pero aunque sé que me dejo muchos flecos abiertos, prefiero dejar de modo resumido, para hacer justicia de una herencia que tuvo claroscuros, pero que dejó una profunda huella que aún persiste. Perdónenme, si me he quedado escaso, pero sino, la entrada sería demasiado larga y aburrida para el personal. Un saludo desde el sur. 
Barrio Obrero de Huelva.

Casa del Coronel, Jerez de la Frontera.

Pabellón del Jockey Club, Jerez de la Frontera, con arquitectura inglesa y japonesa.

Portada de la Fábrica de Tabacos de Cádiz.

Fachada de la misma fábrica.


Colegio de las Esclavas, Cádiz.

Parte del Palacio de los Duques de Orleans, Sanlúcar de Barrameda.

Hotel Reina Cristina en Algeciras.




Fachada de los Depósitos de Tabacos en Cádiz.

martes, 1 de noviembre de 2011

Los misteriosos asesinatos de Puerta Tierra

     No se asusten, no hay ningún asesino en serie en el casco nuevo de Cádiz, ni creo que lo haya habido. Lo sitúo en Puertas de Tierra, porque es donde hoy se sitúa la tragedia que les voy a contar; pero realmente, ocurrió hace unos 2.500 ó 3.000 años, en pleno Gadir fenicio. Aunque hay que remontarse a la actualidad, hará unos años, cuando en pleno boom inmobiliario, y tras el derribo de unas viejas casas, se encontró una necrópolis, por otro lado, muy común en éste lado de la ciudad, ya que las ciudades romana, púnica y fenicia, se encontraban en lo que más o menos hoy es el casco antiguo, mientras que en los exteriores se encontraban, como es común hoy día, los enterramientos. Sobre las necrópolis gaditanas hay auténticas curiosidades, y mucha variedad, pero la historia de hoy se lleva la palma. La actual ciudad de Cádiz, aprovecha cualquier hueco para hacer nuevas construcciones, debido a la falta de espacio, pero muchas veces, la construcción de nuevas edificaciones lleva aparejada una excavación arqueológica, pues la ciudad es rica en yacimientos, y tal vez, gracias a ellos, se logra encajar las piezas de un puzle histórico que se confunde la mitología. Sea como fuera, hace cerca de una década, en una de éstas excavaciones rutinarias, se encontró una necrópolis, en éste caso fenicia, pero lo que más llamó la atención, era la cantidad de cadáveres que había sin enterrar en los alrededores de los nichos, que parecían haber sido sorprendidos en el mismo lugar, sin que tuvieran tiempo de reaccionar.

    Tras diversas investigaciones, se planteó una hipótesis, aquellas gentes, entre las que había niños, presenciaban lo que hoy día sería un entierro, y en el transcurso del mismo se vieron sorprendidos por alguien que les atacó, sin dejar, prácticamente, a nadie vivo. Pero la cuestión clave es: ¿Quién les atacó? Cierto es que al parecer los fenicios gaditanos tuvieron más de algún que otro rifirrafe con las poblaciones locales, pero según los historiadores la cosa no había llegado a mayores, pues se supone que la civilización fenicia era superior a la íbera. Esto enlaza con una noticia que el Diario de Cádiz publicó hace unos días, en la que unos médicos habían hecho una resonancia a un esqueleto de época fenicia, encontrado en el solar del Cómico, para saber las causas de su muerte, sus conclusiones al parecer no dejan lugar a la duda: se debió a un incendio, murió asfixiado. Tal vez las muertes de ambos lugares no tengan nada que ver, y el último cadáver del que les hablo, simplemente falleció en un incendio corriente que pudiera haber ocurrido solamente en su casa. Pero aún los investigadores de uno y otro lugar se preguntan, si el incendio arrasó con casi toda la ciudad (lo que vendría a explicar la escasez de restos anteriores al siglo VIII) y a que se debió. Era relativamente común, hasta principios del siglo XX, que grandes fuegos arrasasen con una ciudad, ya que no había leyes que regulara nada, los medios eran escasos para defenderse y en las casas abundaba la madera como material; además, hasta el invento de la electricidad, todo el mundo se iluminaba con velas y cirios. Pero es también “casualidad”, que en muchos de los yacimientos fenicios que existen en la comarca, se han encontrado estratos en los que se encuentran indicios de que hubo una gran violencia; como por ejemplo, ocurre en Doña Blanca (El Puerto de Santa María), donde se han llegado a encontrar murallas con fisuras y bolas de catapultas. Todo parece indicar desde luego que hubo una guerra en una determinada época, pero ¿contra quién? Los autores clásicos apuntaron en sus textos que hubo una guerra entre tartesios y fenicios, que pasaron de ser aliados que comerciaban a competidores, pues los últimos, que llegaron con la intención de establecer una serie de factorías comerciales acabaron por terminar siendo conquistadores que arramplaban con todo. Pero tampoco hemos de fiarnos demasiado de los textos griegos, que siempre que podían, ponían a parir a la civilización semita. Si según las últimas teorías de los arqueólogos del yacimiento del Carambolo (Camas, Sevilla) son ciertas, y los Tartesios no eran otra cosa que una colonia fenicia, y no una civilización autóctona, estaríamos hablando de una probable guerra civil entre reyezuelos locales, tal vez por controlar algún yacimiento, algún monopolio, o vaya a saber qué. Si por el contrario, se demuestra que Tartessos existió como cultura propia, entonces tendrían razón los historiadores clásicos griegos. Así pues, aquella pobre gente de las que les hablaba iban a enterrar a algún familiar cuando, probablemente se vieron sorprendidos por un ataque enemigo, dado que las necrópolis se situaban a las afueras de la ciudad, y por tanto de las murallas se vieron sin defensa posible, cayendo todos como moscas, a causa de un cruel destino. Sea como fuere, los que estaban dentro de las murallas tampoco se libraron, y muchos cayeron, gracias a un incendio provocado por sus enemigos.

     Espero que les haya gustado ésta historia que es poco conocida en la ciudad, y que me llegó a manos de la hija de un trabajador de la obra que se iba a comenzar tras las correspondientes excavaciones. Como siempre, en ésta tierra, se corrió un tupido velo, y el yacimiento fue tapado con cemento en una tradición más nuestra que los Tosantos o el Día de los Difuntos que vengo a celebrar contándoos éste curioso suceso. Apenas unas joyas se llevaron al museo, donde aún se guardan a la espera de ser puestas en exposición. Un saludo desde el sur.
 

domingo, 30 de octubre de 2011

Historias de fantasmas gaditanos

Ahora que está de moda el Halloween, gracias sobre todo a los grandes almacenes, se ve a los niños, de distintas edades (de 0 a 40 años), disfrazados de personajes desagradables, ya sea pidiendo chucherías por las casas o tomándose una cerveza tras otra en uno de los quinientos pubs irlandeses (regentados por paisanos) que abundan en nuestras ciudades. Hay de todos los tipos: Frankestein, Drácula, Hombre Lobo, político...Pero yo siempre he sido más de Tosantos, puede que sea porque soy más soso que un churro sin chocolate, pero a decir verdad, también es cierto que las historias de miedo españolas, y europeas en general, asustan más que las que vienen importadas de EEUU, pues son bastantes más descafeinadas que las nuestras. A cada país le asusta lo suyo, y cada lugar tiene sus distintos tipos de terrores; evidentemente el mencionado país sólo posee unos doscientos años de historia, mientras que  nuestro continente es de tradición milenaria, con lúgubres castillos, maldiciones medievales, brujas paganas, vampiros fantasmales, y demás parafernalia. Y sobre todo, hay que decir que en España hay más fantasmones de carne y hueso que espectrales. Aunque sin embargo, hay que reconocerles el mérito de acongojar al personal con historias como la de Amityville o la finca de Hinsdale. 

       Como me dijeron el viernes que no tenía puente, ando escaso de inspiración, así que enumeraré una lista de leyendas fantasmales de una provincia que se caracteriza por tener cascos antiguos enormes, y ensanches de ciudades que se construyeron sobre necrópolis romanas, púnicas, o fenicias (y se asustan los americanos por un sólo cementerio indio). Para ser honrado me remito a un artículo del diario de la Voz de Cádiz de hace algún tiempo, además de alguna otra historia que recuerde en éste momento, o que me hayan contado alguien de fiar, y que evidentemente, no diré quién es, más que nada porque al personal le importa un pimiento quien es el fulano en cuestión. Las escribo con un cierto tono de guasa, pero es porque no soy experto en el tema, y de algún modo tengo que hacer un artículo distraido, así que no se ofendan, por favor, quienes crean en éstas historias. Ahí van:

-El bebé que llora en el Patio Cambiazo: Empezaré las por que me contaron de mi ciudad. Sobre ésta se ha dicho mucho y escrito poco. Realmente, a mí me la han contado a título personal, y sinceramente dudo mucho de su autenticidad. Se argumenta que las casas que ocupan éste palacete están vacías por causa de un bebe fantasmal que se dedica a llorar por las noches. Hay que decir que muchos padres sufren esto sin que sus hijos sean unos fantasmas, pero sí una auténtica tortura. Sólo faltaba que viniera un espectro llorón a dar por saco una noche tras otra, con la cosa de que la criatura ni crece, ni se calma dándole de comer.
-El niño del columpio en Reyes Católicos: ésta es de un soldado de infantería que se dirigía al parking a coger su coche para ir al trabajo, allá sobre las seis de la mañana. Comentaba que había un niño columpiándose (literalmente) en un parquecito cercano a la salida de los coches; no le echó cuenta, pero enseguida cayó que el niño en cuestión estaba completamente sólo en la plaza, y que no había nadie cuidándolo a esas horas tan raras. Así pues el infante de marina cogió el camino de Villadiego cuando vio todo aquello muy raro.
-Hay otra en una casa del siglo XVII situada en plena Calle Real, donde se escucha de todo, aunque no la he localizado, dicen que se encuentra en las cercanías de la Alameda. Y otra, en la Calle Dolores, en la que una testigo asegura haber visto a una anciana fantasmal perteneciente a la familia que aún vive en esa casa. Aunque de éste último, no hago mucho caso, pues he estado mil veces en esa casa, y no he visto nada raro (a nivel fantasmal, me refiero).
-Recuerdo una, allá por los años 90, del conocido fantasma jartible, en El Puerto de Santa María, donde se decía que en cierta calle se aparecía todas las tardes un fantasma en un balcón, y que se podía observar a través de las ventanas desde la calle. El espectro en cuestión dejó de dar por saco cuando cambiaron los cierros, y los pusieron de aluminio, en vez de los tradicionales de hierro forjado o madera. Así pues, al menos, el espíritu puede presumir de buen gusto, porque a mí, también me parecen horribles los cierros de aluminios en un casco antiguo (y pensar que llegaron a ser una plaga).
-La Casa Cuna de Cádiz, ésta la puso de moda Iker Jiménez y su Cuarto Milenio, y tiene su origen en la explosión del depósito de minas de Cádiz en 1947, y que arrasó con todo Puerta Tierra, y sobre todo, con un orfanato cercano. Desde entonces, aseguran que en las oficinas que hay ahora del INEM se observan niños fantasmales y, lo que es peor, monjas; nunca me han gustado las vivas, imaginen las muertas, además de campanas que no existen hoy día. El caso, es que lo que más debería asustar aquí, es la cantidad de gente que va a sellar cada día.
-Los fantasmas del Hospital de Mora. La actual Facultad de Empresariales se encuentra situada en un antiguo hospital de corte modernista que tiene aspecto colonial. Evidentemente, en un sanatorio fallecen muchas personas, y muchos de sus espíritus dicen que se han quedado aquí, para interrumpir los provechosos estudios de los alumnos más ociosos.
-Los monjes del Ayuntamiento de Cádiz. Otro chiste fácil, en los consistorios suele haber muchos fantasmones. Pero aquí se cuenta, incluso, de alguna que otra agresión de ultratumba, y es que nadie soporta a los policías locales, pobrecitos, ellos sólo hacen su trabajo, que es sacar dinero para las luces de Navidad con unas cuantas multas. Lo que se ve aquí en cuestión es una procesión de monjes que viene acompañada de un extraño olor a perfume. Una suerte de Santa Compaña a la gaditana.
-La monja de la Residencia (Hospital Puerta del Mar). Ésta monja por lo que se ve, no le mola asustar a nadie, sino que por lo visto, se dedica a ayudar a los enfermos. Si algún día ingreso allí, espero no tener el placer de verla, porque prefiero valerme por mi propia cuenta (vale… saldría corriendo).
-La Casa del Obispo. Por fin, una sobre un cementerio, fenicio en éste caso. Aquí se asegura la presencia varios espectros luminosos que sirven para no perderse en la oscuridad de las distintas estancias.
- El duelo con el Demonio en Jerez de la Frontera. Ésta me encanta, porque es una historia de espadachines del siglo XVII. No recuerdo la calle, pero asegura la historia, que un valiente espadachín ganaba a todos sus contrincantes en sus distintos duelos nocturnos. Y que en cierta ocasión, para dársela de más fantasmón (nunca mejor dicho) que nadie dijo aquello de que él podía retar al mismísimo diablo, por lo que recibió de propina un corte en el brazo con una espada que no se sabía de dónde venía. Así pues el infeliz espadachín fue corriendo hasta una iglesia, donde se pudo refugiar del mismo demonio. Según dicen, la herida nunca le cicatrizó, y brotaba sangre de vez en cuando, hasta el final de sus días.
-Los fantasmas de Trafalgar. Son varios, la primera es una dama blanca que al parecer le ha cogido el gustillo a tirarse desde el acantilado hacia el mar. Al parecer se trataba de una despechada de principios del siglo XX que decidió suicidarse. Y la segunda se debe a la famosa batalla de 1.805, al parecer los barcos y marinos fantasmas no se han enterado de que la batalla acabó hace un par de siglos, y aún siguen dándose estopa en las noches de tormenta. Se asegura que aún se escuchan los cañones, gritos y disparos de pistolas.
-Barcos fantasmas en el Estrecho. Se asegura, por varios testigos que en tiempos de tormentas  aún se pueden ver algún que otro navío espectral en una de las zonas más transitadas del mundo (la segunda tras el Canal de La Mancha). 

           En fin, espero que no hayan leído solos esta entrada, porque quien sabe, si algún crujir de maderas, algún ruido extraño, alguna sombra que vea por el rabillo del ojo, o simplemente, le llame el cartero para formar parte de una mesa electoral; puede ser que verdaderamente que su casa esté construida sobre tres cementerios de distintos periodos (y ya sabe todo el mundo como se las traían los fenicios), y puede que tal vez, crea que usted está sólo, pero a lo peor resulta, que se encuentra más acompañado de lo piensa. Un saludo desde el sur.

Prohibida la entrada a los fantasmas, las cafeterías de Cádiz se quedarían vacías.

Los fantasmas que más me asustaron en mi juventud fueron los del Comecocos.

domingo, 23 de octubre de 2011

La extraña catedral de Jerez

   No les culpo a nadie de ustedes, si asocian Jerez de la Frontera, solamente al vino, los caballos, el flamenco y las motos. Es lo que nos han vendido, es lo que realmente se vende en el turismo gaditano: sol, playa y flamenco. Sobre esto último, diré que es lo único que se vende con un poco de sesera, aunque para mi gusto se explota poco para lo que significa en nuestro acervo cultural. Sin embargo, pocos conocen el maravilloso casco antiguo de Jerez, digno de figurar entre las ciudades más monumentales de España; una verdadera joya medieval, que conserva multitud de iglesias góticas, y numerosos palacetes de todo tipo de épocas: góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos, y muchos decimonónicos (de época bodeguera). 
    Pero tal vez, haya dos edificios que marquen dos hitos arquitectónicos dentro del casco histórico: el Alcázar y la Catedral. Hoy les voy a hablar de éste último, por lo bello y lo extraño de un edificio, que no responde a los patrones arquitectónicos de la época en la que fue construida. La primera vez que la pude ver, fue en un día de niebla y frío, propio de las fechas navideñas de aquel año de 2.007. Después volví, en la soleada y bella primavera jerezana, tal vez la mejor época para venir. Pero, sin embargo, en mi retina quedó grabada aquella imagen de la Seo sobresaliendo entre el espeso manto neblinoso que cubría la ciudad, en un horizonte plagado de iglesias monumentales (ver foto de abajo). Tal vez le sorprenda el hecho de que éste templo no fuera elevado a rango de Catedral hasta el año 1.980, pues antes era colegiata, perteneciente, curiosamente a la diócesis sevillana, hoy día tiene la suya propia, la primera que hubo, históricamente en la provincia: la jerezana-asidonense. Dadas las proporciones del templo, pudiera parecer que hubiera sido catedral toda la vida, y tal vez para ello fue construida en un principio, sus dimensiones justifican el actual rango: 54 metros de largo por 41 de ancho. Con una planta de salón repartida en cinco naves, en la que la piedra es la protagonista principal de ésta sinfonía arquitectónica. Llama en su exterior la presencia de arbotantes, elemento típico del gótico, a pesar de que el templo se construyó entre los siglos XVII y XVIII, época de esplendor barroco. Esto es debido, precisamente a las diferencias de alturas que hay entre las cinco naves, y al tamaño de su enorme cúpula, que sufrió un derrumbamiento. Por ello, se emplearon métodos antiguos ya, para la época, pero que sirvieron para dar equilibrio al edificio. Por lo demás, es el barroco el que domina todo, tanto en decoración como en arquitectura, con grandes columnas en su interior, compartiendo parentesco con sus hermanas andaluzas, como las de Cádiz, Granada o Málaga. En cambio, es curioso constatar, que también sus bóvedas responden a patrones ojivales (góticos), a pesar de ser un templo eminentemente barroco. Pero lo más espectacular son la fachada y la cúpula. La primera, tiene tres puertas, eso sí, muy característico del barroco, y le acompaña una enorme escalinata que sortea el desnivel existente entre la plaza que hay delante y el propio templo, a pesar de ser neoclásica, bien recuerdan a las entradas existentes de los templos gallegos o portugueses. La cúpula es, tal vez, lo más hermoso y refinado, de media naranja y apoyada sobre un tambor octogonal, tiene diferentes esculturas de diversos santos que le dan mayor belleza al conjunto. Sin embargo, lo más antiguo del templo se encuentra fuera del mismo, me refiero a la torre que hace las veces de campanario, y que se encuentra separada del conjunto, y del que se cree que fue el antiguo alminar de la mezquita mayor, cuyos restos, se acaban de encontrar al iniciarse unas obras para el futuro museo de la catedral. Dicha torre, está dividida en dos tramos principales, una primera de época medieval, y de tipo gótico-mudéjar, y una segunda, de época barroca, cuya cupulilla tiene azulejos con los colores del pendón de la ciudad. También tiene el templo una cripta, en la que están enterrados personajes ilustres de la ciudad.
    Estoy seguro de que muchos de los que habéis leído hasta ahora, no conocíais las maravillas de un templo, que sólo es conocido a nivel local (y no mucho). Si Jerez, en vez de situarse en nuestro país, estuviera en Italia o Francia, habría miles de fotos y postales de su catedral, que harían de su templo su imagen más conocida. Sin embargo, en España, pasa sin pena ni gloria; de hecho, es francamente difícil, por no decir casi imposible, acceder a su interior, pues el templo siempre está cerrado. En cualquier otro lugar habría colas de personas deseando entrar, en cambio, aquí, nos encontramos a turistas con cara de haba, conformándose con sacar unas cuantas fotos desde fuera. Espero que la cosa mejore, pues no es justo para una catedral con un semblante tan señorial y monumental. Un saludo desde el sur.

domingo, 16 de octubre de 2011

El románico tardío andaluz

      Cuando pensamos en el románico, solemos pensar en paisajes norteños, en calles silenciosas, con casas de piedras cubiertas de musgo y nieblas o lloviznas constantes. Nos cuesta creer que en nuestra tierra pueda existir algo que corresponda a éste estilo, pues la imagen es la contraria, casas encaladas, calles ruidosas y acompañadas, y sobre todo por una enorme herencia musulmana, que en tiempos de la citada corriente artística, eran los pobladores del sur de la península. Aún así, se puede observar retazos, sobre todos en las primeras iglesias que se construyeron en Andalucía tras la conquista cristiana del valle del Guadalquivir por parte de Fernando III, el Santo, y Alfonso X, el sabio, que tomaron toda ésta zona a lo largo del siglo XIII. Asimismo, parte de Andalucía oriental no se vería privado del románico, sino que además conservaría su forma más pura en nuestra tierra: la torre de la iglesia de Santiago en Almería. Dicha ciudad fue conquistada por los aragoneses, acompañados por multitud de cruzados, allá por el año 1147, aunque su dominio duró poco, pues los musulmanes volvieron a conquistarla pronto. En el periodo que permanecieron pudieron empezar a construir una templo que se terminaría ya, en el siglo XVI, bajo patrones tardogóticos y renacentistas, pero aún así la torre se conservaría, y nos ha llegado hasta nuestros días. Hay que decir, que nadie espere encontrar en ella espectaculares arcos, ni nada por el estilo, sin embargo, es un testimonio único en el sur, pues es la única torre auténticamente románica de Andalucía.

     Sin embargo, las tierras más ricas del estilo de transición del románico al gótico, las llamadas iglesias fernandinas (por ser de la época de Fernando III, el Santo), se encuentran en las provincias de Córdoba y Jaén, que fueron las primeras que cayeron en manos cristianas tras la batalla de las Navas de Tolosa. En ellas se encuentran multitud de iglesias, como la de Santa Marina, que apuntan ya algunos arcos ojivales, pero que aún conservan el abocinamiento en las puertas y ventanas (véase imagen para saber que es abocinamiento), además de la utilización de contrafuertes en vez de arbotantes. También algunas iglesias y edificios de la parte occidental de la provincia de Cádiz tienen algunas formas románicas, ya escasas, y muy mezcladas con el gótico, y sobre todo con el mudéjar. Aquí las iglesias tienen mucha influencia de Sevilla, primero con el mudejarismo, y luego más tarde con el último gótico, cuya máxima expresión se encuentra en la enorme catedral de la citada ciudad de la Giralda. Por ello, encontramos sólo retazos, pues muchas de las primeras iglesias se derribaron para construir las góticas, o en el mejor de los casos, como la del Divino Salvador de Vejer de la Frontera, donde el templo se encuentra claramente dividido en dos partes: una moderna, del siglo XVI, muy luminosa, que sigue los patrones de la catedral sevillana; y la antigua, oscura, que tiene una fuerte presencia del románico y del mudéjar más puro, a pesar de que ya despunta un gótico arcaico. De ello dan fe, las columnas y arcos que se sitúan junto al altar, además de algunas ventanas y la torre, que era un antiguo alminar, del que se conserva la primera parte, y siendo la segunda ya románica, aunque su chapitel es barroco. Asimismo en Arcos de la Frontera es posible también, encontrar elementos góticos en la extraña iglesia de Santa María (tiene dos rosetones) que tiene una arquitectura propia del siglo XV y XVI en su mayor parte, pero su ábside es anterior, y está rodeado de contrafuertes al modo románico, formando una girola, también es posible ver ventanas abocinadas en un cercano edificio.

     Ya poco más se puede encontrar en nuestra tierra de éste bello estilo, que fue el primero que se internacionalizó por toda la Europa cristiana. Después llegaría el auge del gótico, correspondiente ya, a un arte propiamente urbano, alejado del rural que representaba el románico. Y Andalucía, ya tenía grandes urbes en un periodo en el que solían existir pequeñas ciudades. Además llegó tarde para tener ésta corriente, pero su compensación fue la de tener el mejor legado musulmán del mundo occidental, el del Al Ándalus, un sueño que aún perdura en muchos de aquellos que añoran tiempos mejores. Un saludo desde el sur. 

Iglesia fernandina de Santa Marina en Córdoba

Torre románica de la iglesia de Santiago, en Almería

Basílica de Santa María en Arcos de la Frontera, aunque poco, se puede observar el ábside a la derecha la torre.

Ventana abocinada en Arcos de la Frontera

Columna románica en el Divino Salvador de Vejer de la Frontera

Torre de la misma iglesia, cuya primera mitad fue un alminar.

Ventana abocinada de dicho templo.

Arco románico cercano al altar.

Bóvedas de medio cañón con adornos góticos de la parte antigua del templo.

Parte nueva del templo, más luminosa, y con influencia de la catedral de Sevilla.

Restos árabes del mismo templo vejeriego.

Los puentes de Madison

   Decía el chiste, que un gaditano va dándose un paseo por la playa Victoria y se encuentra a Dios, y éste le ofrece un deseo, el paisano le comenta que quiere un puente que vaya dede Cádiz a Lanzarote, así que el Todopoderoso le responde que ese deseo es muy complicado, y que es mejor que pida otro; entonces el gadita le dice que quiere la fórmula para sacar al país de la crisis; Dios se queda un rato pensando y le contesta: ¿Como lo quieres colgante o de hormigón?. Éste chiste tan malo viene a cuento por dos cosas, aquellos que se creen dioses, la patronal (CEOE), tienen la fórmula secreta para sacar España a flote: quitar los puentes que hay entre los festivos. Y me pregunto yo: ¿Cómo vamos a salir los de Cádiz y San Fernando, si nos quitan el puente Suazo y el Carranza?, ahora que por fin en Cádiz se empieza a construir el segundo puente, llamado de la Pepa (o de la Mary, ya por poner nombres...) va a resultar que hay que tirarlo. Precisamente ahora, que el Vaporcito se ha hundido, como el resto de las industrias que ellos manejan. Por quitar, querrán quitar el puente del Tajo de Ronda, porque total, todos vamos a caer en un desfiladero que ellos han creado (no nosotros), o el acueducto de Segovia, que tiene el mismo tamaño que el da La Inmaculada. 

   Fuera ya de bromas, ya empiezo a estar harto de que la patronal se meta donde no les llaman, me parecen muy bien que defiendan los intereses de las empresas que ellos son incapaces de mantener a flote sin las subvenciones que todos les pagamos, incluidos los que tenemos que trabajar más y cobrar menos (según Díaz Ferrán) o quitarnos los puentes (según Joan Rosell). Siempre tienen una buena fórmula para sacar balones fuera, como dar ideas para quitarles privilegios a los funcionarios, que se los han ganado, con unas oposiciones, en las que no les han ayudado nadie, pues a diferencia de sus empresas, en la función pública no hay enchufes (salvo, diría en las locales), como ocurre, tanto en empresas privadas como en las públicas. Después de dar la murga con nuestros empleados públicos, nos toca ahora a todos, con los puentes. Menos mal que hay empresarios hosteleros que están en contra, pues ellos pierden un dinero que se ganan cuando los demás estamos de descanso. Tal vez crean que trabajar más horas por menos dinero sirva para activar la economía, y que ligar el salario a la productividad sea la panacea que nos saque de éste atolladero. Pero si en vez de mirar para Europa, miramos para Japón nos daremos cuenta de que eso es mentira, allí se tienen muy pocas horas de ocio, se duerme muchas veces donde se trabaja, y llevan teniendo una crisis de caballo desde hace diez años, ¿a que eso no lo cuenta el señor Rosell?. La baja productividad española viene, claramente, de una falta de identificación del empleado con su empresa, debido sobre todo a la alta tasa de temporalidad, precariedad en el trabajo, con sueldos paupérrimos y constantes pataditas en el orgullo personal, dando sobre todo a recordar, que si se despide al empleado experimentado y con trienios, es más rentable, pues con su mismo salario, se contratan a tres como él. Así pues, el funcionariado, que antes no atraía a nadie por sus mínimos sueldos, ahora es la panacea para todo el mundo, y si eso es así, es porque algo falla, ya que los funcionarios no cobran unos dinerales, precisamente. El ligar el sueldo a la productividad, está muy bien, siempre que sea Alemania o Suecia, o si se trabaja en el Ikea, pero esto es España, y aquí, a nadie le conviene reconocer que se ha ganado dinero, sino vean la cantidad de empresas que se han aprovechado de la crisis para echar a sus empleados y deslocalizar a la empresa (véase Visteón). Asimismo, si dentro de una empresa hay que repartir el dinero entre los más productivos, adivinen entre quienes van a parar, para los mismos de siempre, amigotes y lameculos del jefe. 

    Lo dicho, ya empiezo a estar harto de que patronal, sindicatos y partidos políticos reciban subvenciones por no hacer nada, y cargarles los muertos a otros. Sin que nadie responda aquí por sus errores, y dejándoles a la siguiente generación un erial en el que no se puede plantar ni una triste chumbera. Ya va siendo hora, de que cada uno arregle sus asuntos de una vez por todas, y con ellos, la de todos; y que nos dejen de decir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pues no somos los del pueblo, precisamente, quienes hemos ido al trabajo en coches oficiales, ni los que hemos desviado dinero para tener una generosa jubilación como en cierta caja gallega, ni cobrado dietas por ir de putas, . Un saludo desde el sur. 

¿Agobiado en el trabajo?, sonría, mañana puede ser peor (ley de Murphy).