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sábado, 27 de junio de 2015

Paisajes rojos.

Lago en la Peña del Hierro.
 No es esta una entrada de grandes profundidades, ni muy técnica, ni histórica si quiera. Tiene un poco de todo, pero más que nada, de admiración. Uno se puede quedar horas asombrado mirando un paisaje desangelado, desolado, apocalíptico, pero precioso en su sobriedad. Hay rincones que bien podían haber sido un escenario de Juego de Tronos o del Hobbit, son edificaciones extrañas, abandonadas que se sitúan en las entradas de las minas. Y usted se preguntará que rincón de nuestra región reúne todo ésto, pues las Minas de Riotinto. Aunque más de la mitad de los parajes se encuentra en terreno de dicho pueblo, que nació al amparo de las propias extracciones, comparte paisajes mineros con Nerva, entre otras poblaciones.

Trenes abandonados.
Río Tinto.
 Sin olvidar al propio pueblo de Minas de Riotinto, al que ya le dedicaremos la entrada propia que se merece, es recomendable visitar el propio parque minero de Rio Tinto, desde un tren antiguo propio del XIX o principios del XX, restaurado para los turistas, y que ofrece una buena panorámica de las propias minas. En el propio viaje podemos observar las escombreras de desechos minerales, las propias excavaciones, a un joven río Tinto sortear los barrancos, vías y trenes "olvidados" en este rincón del fin del mundo...El propio bosque que rodea a la mina es artificial, repoblación de principios del XX para hacer más respirable este microcosmos. Todo ello en un viaje de una hora y media, en un antiguo ramal de la vía que unía Rio Tinto con la propia Huelva, y cuyo viaje terminaba en el llamado Muelle del Mineral. El final del actual viaje termina, como no podía ser de otra manera, en el propio río, el Tinto, que da nombre (y paisaje marciano) a la zona. Se puede uno acercar a la orilla y hacer fotos, pero hay que tener cuidado con mancharse con el agua del río, porque el óxido no sale de la ropa. La cantidad de sulfuros de metales pesados que lleva es la que da color. Pese a lo que se piense, la contaminación del río no se debe a ningún proceso humano (por lo menos hasta la llegada a Huelva capital), sino al propio lixiviado de los minerales en la montaña en la que nace. Y lo que es más curioso a la oxidación microbiológica por unas bacterias que son las únicas capaces de vivir aquí, y que de hecho son las únicas que lo han logrado a lo largo de los tiempos, pues no hay fósil de ningún animal que se haya encontrado en el lecho del río, lo que da veracidad a que todo es un proceso natural, extraño, pero natural, sin  que la mano del hombre haya intervenido, al menos en un principio. Hasta la propia NASA se ha acercado a estudiar las bacterias que viven en el lugar, para sus estudios relacionados con el planeta Marte. Y es que esto es un trozo del planeta rojo en la Tierra. Algo único en el mundo. 

Minas y Canteras.
 Otro rincón digno de destacar, es algo más contemplativo, y menos científico o apocalíptico. Es la famosa Peña del Hierro, a la cual acuden múltiples pintores y fotógrafos desde los distintos lugares del mundo, gracias a su cromatismo. Se entra por unas minas abandonadas, su exterior es digno de un relato fantasioso como El Señor de los Anillos, se accede por una galería (hay que ponerse casco), y se atraviesa tan solo unos doscientos metros, para llegar a una especie de balcón que da lugar a un pequeño lago inserto en una antigua cantera a cielo a abierto, de aguas, como no, rojas. La tierra también es roja, y solo el verde de los pinos rompen con tanto predominio rojizo. Aquí es donde todo el mundo se para a admirar las maravillas que la naturaleza (y en este caso la mano del hombre) nos puede deparar. Una sorpresa más, un lugar único, en una provincia donde el medio nos depara verdores serranos a un par de kilómetros y humedales a una hora y media de carretera, del mundo rojo en el que ahora nos encontramos. Un saludo desde el sur.


Mina de Peña del Hierro.

Paisaje marciano.

Aguas rojas del Tinto.

Paisaje del Tinto.




domingo, 31 de mayo de 2015

Tiburones en España

  Tenía pensada otra entrada, pero a la vista de la semana, informativamente hablando, en el que se han habido varios avistamientos de escualos en diversas playas españolas, y como los distintos medios han tratado el tema, he de decir que la población española tiene bastante conciencia medioambiental, y que nos encontramos ante una mentalidad madura y consciente de lo importante que es conservar la naturaleza. Han sido más escandalosos algunos medios, que buscaban alguna noticia sensacionalista (como si no hubiera problemas y escándalos en España) que la propia ciudadanía y autoridades, que evidentemente, y por la lógica precaución, se encontraban fuera del agua, y con la prohibición del baño. Pero fuera de todo escándalo, la gente grababan y fotografiaban al animal en cuestión, sin intención de hacerle daño, ni con histeria de por medio, sino como algo curioso, casi turístico.

  Ante todo, he de decir que España es un país donde existen casi todas las clases de escualos del mundo, ya que nuestras costas se encuentran en una encrucijada entre el Atlántico y el Mediterráneo, y entre aguas templadas, cálidas y frías. Si a eso le añadimos que los tiburones son animales que necesitan grandes espacios para campar en sus cacerías, podremos decir que cada día pasan centenares o miles de tiburones por nuestros mares, incluido el temible tiburón blanco...y no pasa nada. Ningún ataque por lo general, salvo en años contados, debido a confusiones de los escualos que probablemente buscaban otra especie, pues al parecer, no somos nada apetitosos para ellos. Eso sí, tampoco caigamos en el ecologismo dulzón, ellos no son tampoco angelitos, son predadores, y nosotros, también podemos convertirnos en sus presas. Pero digamos, que ellos tienen que temernos más a nosotros, pues para empezar forman parte de nuestra dieta, quien en Cádiz se come un filetito de marrajo o un cazón en tomate o adobado, o el famoso bienmesabe isleño, que sepa que se está comiendo un trozo de escualo, o quien vaya muchas veces a las parafarmacias o dietistas se podrán encontrar frascos que tienen en su interior cápsulas o pastillas de cartílago de tiburón (algo a mi parecer, denigrante). Y eso, que yo ahora recuerde, así que, haciendo sumas, a lo largo sólo de la costa española, y sin tener en cuenta a los asiáticos (que eso sí que es para echarse a llorar) podremos darnos cuenta de que somos los humanos los que asesinamos en masa a ellos, y no al revés. 

  Pocos saben que en Cádiz mismo hay tiburones de todos los tipos, desde los chicos como los cazones, pintarrojas o marrajos (cuyas afiladas dentaduras de doble hilera de diente ya son capaces de cercenar cualquier extremidad) a algunos espectaculares como la tintorera, capaz de alcanzar unos cinco metros, o el famoso tiburón blanco, avistado cada cierto tiempo en el Estrecho, y que al igual que las orcas, siguen la migración de los atunes. Así que son bastantes más comunes de lo que imaginamos. Pero usted dirá que por qué aquí no son tan frecuentes los ataques como pudiera suceder en Australia o Sudáfrica u otros países, primero probablemente porque no son tan abundantes, segundo porque mayoritariamente, como he dicho, se encuentran de paso en la búsqueda de otras especies, y tercero, porque en los mencionados países hay bastantes especies de costa (a diferencia de Europa donde se han extinguido la mitad) que les sirve de alimento, como focas o leones marinos, pingüinos, y tortugas, entre otros. Así pues, como siempre en la vida, hay una de cal y una de arena, sabemos que los escualos en España rara vez cometen un ataque, y es rarísimo que se acerquen a la costa, pero por otro lado, cuando nos bañemos este año, pensemos que hay casi trescientas especies aquí, y que según los expertos alguna vez en nuestra vida hemos estado fichado por alguno. Ya empieza el calor, y se apetece un chapuzón. ¿Se anima?. Un saludo desde el sur.
http://img.desmotivaciones.es/201106/tiburones.jpg

domingo, 10 de mayo de 2015

Castilnovo, o el último prado costero.

El pastizal en primavera.
   Se encuentra cerca el verano, y para mucha gente de otras latitudes, nuestra tierra ya tiene temperaturas estivales, aunque sea primavera. Pronto empezaremos a elegir a que playas iremos este año, y aparte de la nuestra habitual, siempre pegamos alguna escapada a alguna cercana, pero más exótica. No urbana, en definitiva. Y tenemos infinidad de opciones: calitas, playas con dunas vírgenes, con montañas en los alrededores, con marismas, pequeñas, grandes, con acantilados... De toda clase hay en Cádiz, además, mediterráneas y atlánticas. Dos de las más famosas son la del Palmar en Vejer de la Frontera y Los Bateles, en Conil de la Frontera. Dos enormes playones donde cuesta otear la orilla desde donde uno planta la sombrilla, pues es sorprendente la anchura de las mismas. Entre medio, una gran desconocida, y que se salvó in extremis, en época de la maldita burbuja inmobiliaria, de puro milagro, gracias al ayuntamiento de Conil. Pues si Los Bateles, es playa urbana, El Palmar está plagada de diseminados que estropean el paisaje. Por el contrario, en Castilnovo sólo una construcción domina el paisaje: la alta torre vigía construida en época moderna para avisar a las poblaciones costeras de la llegada de los piratas.

Conil desde Castilnovo.

Marismas mareales del río Salado.

 Sin embargo, aún con el enorme valor histórico de la torre, esta entrada de hoy va destinada a dar a conocer la gran categoría paisajística y ecológica del lugar, como uno de los últimos rincones costeros vírgenes. Destacando sobre todo su preciosa pradería, de gran valor ecológico, y mantenida naturalmente por la ganadería retinta de la zona. Por otro lado, a pesar de que el paraje es pequeño, pues ocupa unas pocas hectáreas, tiene variedad de ecosistemas, como la desembocadura del río Salado de Conil, donde vive una especie endémica de fartet, el salinete. Además de tener en su ribera no urbanizada un pequeño sector de marismas mareales. Cerca de la torre, podremos encontrar una laguna formada por la subida de las mareas y por la lluvia, creando otro sistema marismeño importante, donde se encuentra vegetación como el taraje y el junco, además de numerosos endemismos vegetales. En la fauna destaca el mencionado salinete, la garceta común, el aguilucho pálido, y varias clases de anfibios, entre otras especies. Además es lugar de descansadero para aves migratorias. Asimismo, en el prado cercano, es posible observar, aparte del ganado retinto antes mencionado, aves esteparias como el aguilucho cenizo o el alcaraván. Últimamente, se observan también la presencia de ibis eremitas.  Asimismo hay que tener en cuenta la presencia de aves marítimas en la propia línea de playa. Todo un mosaico, pequeño, de ecosistemas que merece ser declarado paraje natural por la Junta de Andalucía, la cual parece que se ha olvidado de la declaración de figuras de protección de numerosos lugares. En este caso además, con el agravante de que fue el propio ayuntamiento conileño el que logró salvar el territorio de la especulación, pues se preparaba otro hotelito con campo de golf (que novedoso...).
Ganadería retinta.


Prado colindando con la arena.
 Yo siempre recomiendo visitar los parajes de Cádiz en dos estaciones distintas, en verano y en invierno, ambas muy distintas. Mientras tanto en invierno como primavera, el verde domina el paisaje, alternado con la policromía de las flores, en verano el paisaje es monocromo, ocre; el prado inundable cede espacio a la reseca estepa. Es el sistema de vida de los pastizales suroccidentales de Cádiz: terrenos verde inundados, donde viven especies de humedales, y áreas secas en época estival, donde habitan aves del secarral más absoluto. Todas las estaciones tienen su encanto, y sus inconvenientes. Pero con esta entrada quiero resaltar el olvidado valor ecológico que encierra la costa de Conil, destacando Castilnovo, pero resaltando también la zona de los pinares de Roche y los acantilados con sus calas. Por cierto, ninguno, de estos lugares protegidos, tampoco, . Pero eso será tema para otra entrada. Un saludo desde el sur.


Desembocadura del Salado.

Playa de Castilnovo.


Camino a la torre.

Pastizales en primavera.


Pozo y abrevadero.

Ganadería retinta en el pastizal.



Laguna y torre al fondo.

Laguna y playa.

Ejemplares de barrón.

Detalle del generoso pasto.

Bunker.

Prado prelitoral.

Ganado en el abrevadero.


Ternerillo.


domingo, 26 de abril de 2015

El parque natural como alma de San Fernando.

 Antes de empezar, he de decir que nací aquí, y además, siempre me he sentido orgulloso de mi ciudad. Siempre me ha gustado, su historia, sus monumentos, su alegría, su ambiente, etc... Cada uno escoge una ciudad a su medida, y la mía concuerda con mis gustos. Sin embargo, si tengo que escoger, para mi entender, hay algo que distingue a La Isla del resto del mundo: su paisaje, y su naturaleza, mitad salvaje, mitad transformada. Actualmente, la bahía de Cádiz, es reconocida como Parque Natural por la Junta de Andalucía, zona Ramsar y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) por los organismos internacionales como la ONU, y Lugar de Interés Comunitario dentro de la Red Natura 2.000. Tal vez, pocos espacios naturales puedan presumir de tanto curriculum en tan poco espacio, aunque también sus amenazas son notables. También, en nuestra tierra, se puede presumir de facilidad para avistar aves, sin que éstas se escondan demasiado, mostrándose, a veces en extremo, confiadas con la presencia humana.

 Puedo decir sin riesgo a caer en la exageración, ni en la nostalgia, que de no haber nacido aquí, jamás hubiera sido aficionado a la naturaleza, ni me hubiera preocupado por ella, pues aquí el que no avista un ave es porque no mira para arriba...o para el frente. Desde el mismo puente que salva el caño del molino de Zaporito, donde siempre "vive" una garceta común, en plena ciudad; o desde el paseo marítimo de Bahía Sur, donde se acercan garcetas, garzas, limícolas, e incluso flamencos. O desde el centro de la ciudad, uno puede observar, según que horas, distinta avifauna: por la mañana, recién amanecido, en invierno es posible ver volar por encima de las casas a los cormoranes; al atardecer, los que vuelan por encima son los flamencos. Dentro del mismo ecosistema urbano, no hay barrio sin cernícalos primillas, y en las zonas del Parque, o del Observatorio, si uno está atento en la noche, es posible observar la fantasmagórica y blanca impoluta figura de la lechuza, en alguna de sus cacerías nocturnas. Eso sólo sin salir de la ciudad, pero si uno coge el camino del "colesterol", y decide irse a "andar" por algunos de los senderos del parque que salen desde nuestra ciudad, podrá perder una mañana o una tarde observando fauna. Casi todos están a un cuarto de hora o veinte minutos andando, casi ninguna ciudad de nuestro entorno, o incluso, de nuestro país, puede decir eso. Y eso es lo que diferencia a San Fernando del resto, en que uno puede estar en el ruidoso y estresante ruido urbano, y bajar una calle, para encontrarse en el silencio más absoluto, sólo roto por el canto de alguna cigüeñuela, o del buitrón. Desde la lejanía, se observa la ciudad como otro mundo, sin embargo, basta dar dos pasos para volver a nuestra realidad. Pero si la avifauna no le atrae mucho, el parque natural le seguirá dando sorpresas de todo tipo, porque el patrimonio histórico y etnográfico también es digno de visitar. Nunca minusvalore las "tres piedras" o las casas abandonadas que vea en frente, pues allí seguramente se vivieron momentos históricos, decisivos para la historia de España. Y aunque vuelva a lo mismo, tal vez, escuche algún chillido extraño, o algún susurro, no se equivoque, no hay ningún alma en pena, sino aves, como las lechuzas y otras rapaces (de extraños y estridentes cantos), que habitan en estas viejas piedras abandonadas. Como una lección de que todo lo que construye el ser humano acaba tragándoselo la naturaleza. 

 Me he explayado más de lo que pensaba, pero debía contar cual es lo más importante para mí de nuestra ciudad, y es nuestro parque natural, nuestro paisaje, y su fauna, que han dibujado como un telón de fondo, visible, desde cada calle de nuestra ciudad. Y son demasiadas cosas, las que he dejado en el tintero. Me quedaron los correlimos corriendo por una de las últimas playas vírgenes de España, donde habita, además, entre sus retamas y dunas, una de las también últimas colonias de camaleones. También me quedó para otra ocasión, el mosaico multicolor de miles de aves en los esteros, el gracioso movimiento de las espátulas, el escándalo de los ánades con sus polluelos en primavera, el silencio absoluto cuando las rapaces como el milano negro o el ratonero se disponen a cazar...son muchas cosas que pueden llegar a asombrarnos. Y yo, todavía me quedo ensimismado, con la misma ilusión y curiosidad, que la de aquel primer día, en la que mi padre me llevó a las marismas de Camposoto para ir a ver aves. UN saludo desde el sur.





domingo, 19 de abril de 2015

Barrio de San Mateo de Jerez de la Frontera.

Plaza del Mercado.
 Aprovechando el Domingo de Pasión, decidimos visitar las imágenes de las distintas iglesias jerezanas. Yo ya conocía bien la localidad, es una ciudad que me gusta bastante, y en la que el tópico del caballo, los vinos y las motos, que sin estar mal ni decir mentira alguna, han eclipsado los otros tesoros de una de las ciudades más monumentales del sur de España, y ello sin exageración alguna. Que su centro histórico sea de los más desconocidos no se debe a su escasez de lugares de interés, sino que por el contrario, se debe a la dejadez municipal, o de los propios jerezanos; ésto último, sinceramente, yo no lo sé. Pero basta pasear por el barrio que ahora les recomiendo para darse cuenta de ello. El patrimonio es impresionante, sin embargo, la sensación de que una guerra acaba de pasar, de decadencia, es patente a lo largo de todo el recorrido, y en él, se pueden comprobar, para decepción propia, como bellos y enormes palacios renacentistas y barrocos se encuentran en total ruina, cuando no, simplemente conservan la fachada ( con puertas y ventanas tapiadas). 

Palacio de Riquelme.
Calles del barrio.
 No obstante, no quiero echar para atrás a nadie a que visite este rincón, para mí uno de los mejores de Jerez, sino que por el contrario, se tenga constancia de la problemática, para ver si algunas de las mil doscientas administraciones de las que "gozamos" hacen algo para mejorar el patrimonio local. Por el contrario, sí que recomiendo pasear, con cámara y sin mapa, para perderse por las callecitas más estrechas y medievales de la ciudad. Recomiendo partir desde la Catedral y terminar en San Marcos, o al revés, para saborear bien lo que se ha de ver. Aunque yo empecé subiendo por la calle Espíritu Santo, la cual, primero te permite una preciosa vista panorámica de la Catedral y parte de la ciudad, para pasar por las preciosas calles (algunas sombreadas con parras) de las bodegas de Domecq, y terminar, directamente, en la plaza del Mercado, lugar que como su nombre indica, cumplió dicha función desde la edad media hasta la época moderna. Pero antes de llegar a dicho punto observaremos varios palacios, de los que destacan tres: los dos primeros se encuentran en una pequeña plazoleta, y ambos son de enormes y señeras fachadas, me refiero a los palacios de Camporreal, de enorme fachada neoclásica e interiores renacentistas y mudéjares; y el palacio de Dávila, renacentista, y adaptado para viviendas. A medida que nos acercamos a la plaza del Mercado nos asombra otra ruina, de otro proyecto megalómano fracasado, me refiero al palacio de San Blas, un bello palacete barroco, cuyo estado de abandono es digno de resaltar, pues como en muchos casos, el caserón fue vendido para que una cadena hotelera hiciera lo que debía, pero ahí sigue años después, con las ventanas y puertas tapiadas, y amenazando caerse. Llegamos a la plaza del Mercado, centro del barrio, y donde se encuentra otros dos palacetes, uno primero, de estilo barroco donde se encuentra el Museo Arqueológico Municipal; y otro segundo, el de Riquelme, también en ruinas y tapiado, de época renacentista, y donde hay que destacar una bella fachada. En el centro, encontramos una bella fuente rodeada de palmeras, desde donde se puede observar a la iglesia de San Mateo, que da nombre al barrio. Cuesta creer que en este preciso lugar, hoy bastante tranquilo, sin apenas ruidos, y con varias terrazas de bares (buenos y baratos), tuviera lugar la ejecución de los supuestos anarquistas del grupo La Mano Negra.

Palacio de Camporreal.
 Nos acercamos a la propia plaza de San Mateo, colindante con la anterior, donde vemos la propia iglesia, una de las más antiguas de Jerez, con dos partes diferenciadas, una gótico mudéjar, y donde se pueden observar algún elemento románico, y otra mayor, de estilo gótico florido, influenciado, como muchas iglesias de la provincia, por la catedral hispalense. Prometo profundizar más sobre dicha iglesia en otra entrada, pues lo merece. Pero termino callejeando por las irregulares calles de los alrededores, desde donde se pueden observar las murallas, algunos otros palacetes, o iglesias cercanas y de enorme interés, como las de San Lucas, San Juan, Merced o Santiago, todas medievales, de estilo gótico, repartidas por callecillas estrechas, árabes y medievales. Un viaje en el tiempo, que espero, las administraciones sepan recuperar, pues hace falta, y pronto, pues muchos edificios amenazan ruina, y puede, que desaparezcan para siempre, algo que no podemos permitirnos. Un saludo desde el sur.


Espadaña de San Lucas desde la calle.

Pub aprovechando un palacete con muralla.

Fuente en el palacete.

Palacete.

Iglesia de San Lucas.



Calle del barrio.
Torre de San Juan desde una calle.


Palacio de Dávila.

Calle.

Calle y bodega de Domecq.

Calle Espíritu Santo.


Fuente de Plaza del Mercado y Museo Arqueológico.

Iglesia de San Mateo.

sábado, 21 de marzo de 2015

Casas y rincones literarios.

  Otra entrada que bien pudiera parecer un ranking más de los abundan por internet, pero nada más lejos de la realidad, lo cierto es que me gusta destacar varios lugares curiosos que se encuentran alejados del turismo (o no) y en los que es recomendable desviarse un rato del grupo para visitar los rincones que aún quedan de la vida de los múltiples escritores que nuestra nación ha dado, o aquellos que, sin ser españoles, vivieron un tiempo en nuestra tierra, e incluso se empaparon de ella, describiendo su forma de vida, si bien de manera un tanto tópica. En algunas, las menos, se ha conservado todo o casi todo de maravilla, en otras, al menos, se ha reconstruido con mobiliario y decoración de la época. La gran mayoría no conserva nada, salvo el edificio, que son en su mayoría viviendas, o como en otros casos, incluso, bancos (¡?). Expongo aquí, las que he visitado, no las que hay, pues estoy seguro de que faltan infinidad de ellas, como la casa de Juan Ramón Jiménez, la cual espero visitar un día. Con el fin de no entretener en demasía al personal, ahí van algunas de mis propuestas:

  • Casa de Juan Valera (Cabra). Situada en pleno centro de la localidad cordobesa, en la entrada de la serranía subbética, destaca esta casa del escritor de Juanita la Larga, entre otras obras, y que conserva íntegramente el edificio, no así su mobiliario, ya que hoy es un conservatorio. Así pues, para entrar hay que ir en horario de tarde, de lunes a viernes. 

  • Casa de García Lorca en Granada (Huerta de San Vicente). Aunque esta era su residencia veraniega es, sin duda, la mejor conservada de todas. Pues conserva todo el mobiliario y recuerdos de la familia (hasta los interruptores de la época), y del propio Lorca, donde desarrolló una parte importante de su vida. Antiguamente, se situaba a las afueras de la ciudad, en un terreno donde había múltiples casas como ésta rodeadas de huertas. Hoy día es un parque céntrico de la zona moderna de Granada, a unos quince minutos del Parque de las Ciencias. La visita es guiada y más que recomendable, en horarios de mañana y tarde. 

  • Último hogar de Quevedo en  Villanueva de Los Infantes. No era su casa propiamente dicha, sino que fue su última residencia, en el Convento de los Padres Dominicos. Donde se conserva gran parte del mobiliario que usó el escritor en su celda y demás habitaciones. Aparte de la joya literaria que es de por sí, la maravilla arquitectónica y artística merecen ser destacadas. Durante muchos tiempo fue un hotel, ahora desconozco su destino, aunque hace un año permanecía sin uso alguno, por lo cual desconozco los horarios de visita.

  • Molinos de Viento de Campo de Criptana. Un lugar inmortal, un clásico de la literatura española, y tal vez la escena más famosa del Quijote, en la que el ingenioso Hidalgo se enfrenta a unos supuestos gigantes que a la postre resulta ser los mencionados molinos. Muy bien conservados, justo al lado existe un museo. El pueblo asimismo, merece una visita.

  • Casa de Lope de Vega en el Madrid de Las Letras. Quien por un simple euro la visita, deseche una escapada al centro del Madrid de las Letras, no sabe lo que se pierde. Pocas visitas he visto tan rentables y tan bien explicadas como ésta, donde se nota el gusto y la pasión por el personaje que vivió en el lugar. La casa se conserva íntegra, si bien gran parte del mobiliario se ha reconstruido con muebles y decoración de la época (originales) para dar idea de como era la vida del Fénix de los Ingenios, cuyo hogar se encuentra en lo que hoy, paradójicamente, se llama la calle Cervantes. 

  • Tumba confirmada de Cervantes en el Barrio de Las Letras. Aprovechando esta noticia he dedicado la entrada al turismo literario, que en España podría dejar bastante dinero, no obstante, tenemos una literatura de las mejores  del mundo. Y con ello, no podía faltar su escritor más universal: Don Miguel de Cervantes, famoso por su Don Quijote, pero autor de mucho más, como Novelas Ejemplares o La Galatea. De su casa no se conserva nada, pero sí donde se encuentra enterrado (y confirmado) su cuerpo, en el Convento de San Idelfonso de las Trinitarias Descalzas.
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Imagen de Wikipedia.

  • La Caleta de Quiñones. Nos vamos para Cádiz, y no, no es una casa, pero casi que lo fue. La playa de La Caleta, en el barrio de La Viña, sirvió como inspiración diaria de un Fernando Quiñones que llegó visitar, e incluso llegó a escribir en la propia playa, algunas de sus obras, ambientándolas, asimismo en ella. Hoy en día, el istmo donde solía pasear, y que une Cádiz con la isla de San Sebastián tiene su nombre.


  • Casa Pemán en la Plaza de San Antonio de Cádiz. La casa se conserva íntegra, al igual que su biblioteca, y todo su legado, pero aún no es visitable. Sólo se puede visitar su fundación, abierta por Caja San Fernando. Otra muestra más de como las cajas de ahorro estropean con sus fundaciones oportunidades que otras empresas podrían dar con menor coste y menos rimbombancia. La fundación tampoco es visitable, sólo cuando hay exposiciones, o un Belén en navidades, éste sí, espectacular.


  • Casa de Fernán Caballero y Frasquita Larrea. Seguimos por Cádiz, y subiendo desde Diputación hasta la plaza de San Francisco, por Rafael de la Viesca, debemos fijarnos muy bien en una placa puesta, en una casa que pasa, hoy día, por patio de vecinos. Sin embargo, la historia nos esconde la casa natal de Cecilia Bohl de Faber (Fernán Caballero), y lugar donde su madre, Frasquita Larrea organizaba a principios del XIX, sus famosas tertulias literarias, tan estimadas en la época, y de la que llegó a ser expulsado Lord Byron por no ir lo suficientemente elegante para la ocasión.

  • Rincones de Washington Irving en la Alhambra y El Puerto. El romántico escritor norteamericano fue quien expuso con más fuerza el carácter exótico de nuestra tierra andaluza, y viajó por toda ella, así que es difícil elegir un rincón, salvo en el caso de su amada Alhambra, donde vivió en una de sus estancias, concretamente en el Cuarto del Emperador, el cual fue construido para Carlos I. Es el lugar donde se escribió Cuentos de la Alhambra. Apenas queda mobiliario, aunque el edificio se conserva en perfecto estado. Otro punto del escritor, desconocido por muchos, es el lugar donde residió un tiempo en El Puerto de Santa María, en la calle Palacios, invitado por la familia Bohl de Faber, antes mencionada. Hoy una placa recuerda tal hecho, y la vivienda, al menos, externamente, se conserva bien.

  • Casa de García Gutiérrez. El poeta chiclanero, creador del El Trovador, también conserva en su localidad, en la calle Corredera Alta, su casa. No creo que se conserve el mobiliario, no obstante, el ayuntamiento de la ciudad ha adquirido el inmueble para hacer un centro de estudios del Romanticismo. Con ello se le hará justicia a un grande de nuestra literatura que se ha convertido con el tiempo en uno de los grandes olvidados.



  • Casa de Luis Berenguer. Nos trasladamos a la vecina ciudad de San Fernando, a la casa del escritor de mediados del siglo pasado, creador del Mundo de Juan Lobón o Sotavento, entre otras obras. Para ello hay que trasladarse a la Calle Real, número 154, donde encontraremos un caserón de estilo romántico, que no puede visitarse en su interior, ya que es casa particular.

  • Parque María Luisa Bécquer. No es su casa, ni siquiera ninguno de los lados mencionados en sus famosas leyendas, pero este rincón del parque María Luisa es de los más visitados y queridos tanto por ciudadanos y foráneos. Un hermoso conjunto escultórico rodean un enorme árbol que ha obligado a remodelar al propio monumento para ampliarlo. 

  • Casa de Ana Frank. Nos vamos al extranjero para visitar una casa de tanto interés literario como histórico. Vamos al centro de Ámsterdam, en una típica calle con canal, donde el ambiente es de lo más bucólico, sin embargo, dicha casa presenta una de las historias más tristes del viejo continente. De la niña Ana Frank, quien permaneció oculta en dicha casa, hasta que fue descubierta, su padre, tras su fallecimiento, publicaría el diario de Ana en el que narraba los pesares del nazismo hacia su familia. La casa se conserva íntegra, no así su mobiliario, del que se conserva poco, en el ático, lugar del escondite, el resto, es más bien anodino. 

  • Casa de Dickens. Visitamos en Londres una joya de época victoriana donde se conserva íntegra, tanto en lo que es el edificio como el mobiliario. Es una de las tres casas que tuvo el autor de Oliver Twist o Cuento de Navidad entre otras obras. Sin embargo, de las tres es la única que se conserva, el precio es relativamente barato (para ser Londres), unas tres libras, pero merece la pena para ver el modo de vida del Londres Victoriano, perfectamente recreado y explicado, con la posibilidad de sacar fotos interiores. 
  • Shakespeare Globe en Londres. La capital inglesa desde siempre ha sido centro cultural, económico e industrial de, primero Inglaterra, y posteriormente Reino Unido. En tiempos del XVI, los teatros a las afuera de la ciudad, en lo que hoy es SouthWark, es decir la orilla sur del Támesis, se encontraban llenos de teatros donde los dramaturgos exhibían sus obras. El escenario, normalmente, tenía decoración oriental. No queda ninguno original, el actual, es una reconstrucción fiel, a través de concienzudos trabajos de investigación tanto en distintas fuentes como en relatos arqueológicos por el norteamericano Sam Wanamaker.


 Termino esta entrada con el fin de no hacerla más larga, pero con la esperanza de que les haya picado el gusanillo de un turismo distinto, original, que lleva a rincones poco visitados, pero tal vez de lo más interesantes para nuestra cultura, una de las más completa y admirada del mundo. Un saludo desde el sur.