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domingo, 9 de diciembre de 2012

El Milagro de Empel

 Hoy era el día para escribir sobre ésta historia, ya la llevaba preparada desde hacía casi un año, pero la fecha indicada era hoy. Seguramente nadie se pregunte porque mañana es festivo (dicho sea de paso, para nadie, ya que los centros comerciales abren), yo tampoco lo hacía, pero sí me enteré del porqué la consagración y veneración a la Virgen de La Inmaculada. Hay que decir, antes de empezar a contar nada, que, evidentemente, ésto es una leyenda, y no se sabe lo que es verdad y cuento. Todo viene de los tiempos en los que España era una superpotencia respetada y temida, por aquel entonces, al igual que los americanos hoy, también teníamos operaciones del tipo "Libertad Durarera" y cosas así, y nos andábamos a palos con medio mundo, y pegando varazos en la espalda al otro medio. Y lo que hoy es Holanda fue nuestro Vietnam particular, nos la dieron con queso.
 
 Holanda es un país precioso, al que las fotos no le hacen justicia alguna, hay que estar allí para maravillarse. Pero es un país en el que debió ser duro combatir: multitud de marismas, y tierras donde no se sabe lo que es agua y lo que es tierra; por otro lado está el frío, y la tremenda humedad, que se te cala en los huesos, y como decía Alatriste, un sol negro que nunca calienta... Además, la Holanda de ahora, no era la de aquel entonces, era mucho más boscosa, lo que hacía más difícil dominar una zona. Tampoco existían muchos de los actuales diques, más modernos y mejor preparados, pero los que ya existían de aquellas eran utilizado por los holandeses para hacerle pascua a los soldados españoles. Inundaban campos o aislaban a los soldados en alguna isla o dique. En una de éstas se encontraba el día 7 de diciembre, Tercio del Maestre de Campo Francisco de Bobadill, que se componía de unos cinco mil hombres, en medio de la isla de Bommel, con la flota holandesa hostigando y pegando cañonazos contra nuestras tropas patrias. Pero según la tradición, un soldado cuando excavaba una trinchera se tropezó con una tabla de madera que había en el suelo, y que al observarla vio como tenía dibujada una imagen, al estilo flamenco, de la Virgen de la Inmaculada Concepción. Aquella noche, un viento frío vino a helar el río facilitando la supuesta escapada de nuestros soldados; pero lejos de huir se precipitaron sobre los barcos en un ataque sorpresa en el amanecer del día 8 de diciembre. Obteniendo un victoria en la que apenas hubo bajas españolas, y en la que el capitán holandés, al parecer, llegó a gritar aquello de: ¡Dios es español! Ahora su opinión sería otra. Sería proclamada patrona de los Tercios de España y Nápoles.
 
 Sea leyenda o no, es una historia alucinante, y de ser cierta, sería la única batalla de la historia en la que una infantería de a pie ganaría una batalla naval. Ahora que ya ha aprendido algo nuevo, puede acostarse tranquilo en un festivo que, a buen seguro, no ha disfrutado, porque si trabaja de lunes a viernes le ha hecho la puñeta al caer en sábado; y si trabaja los sábados, al final ha tenido que ir a trabajar por culpa de la campaña de Navidad. Un saludo desde el sur.
 
 
Paisaje típico holandés.
 
 

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