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lunes, 17 de agosto de 2015

Sueños ferroviarios en Cádiz.

 Hoy día, desde las modernas y, muchas veces automáticas, estaciones y terminales de ferrocarriles, es difícil imaginar que nuestra provincia fue pionera en el intento de crear un linea ferroviaria en nuestro país. España, como en todo en la Revolución Industrial, llevaba retraso en la configuración de una red que uniera las principales urbes del país, y todo transporte, a mediados y finales del XIX, se hacía con medios tradicionales, como la diligencia. Otro hándicap era la escarpada orografía de nuestra nación, que dificultaba las obras, y subía desorbitadamente los presupuestos. Sin embargo, fueron ciudadanos ingleses, los que propusieron las primeras lineas de ferrocarril para España, en Andalucía Occidental, en el caso de Jerez de la Frontera hacia el puerto de Cádiz, para lograr exportar sus famosos vinos. Otro caso fue el de Riotinto a Huelva, también a su puerto, para lo mismo, aunque en este caso de carácter netamente industrial, y bastante más tardío. Sin embargo, el primero que vería la luz en la península sería el de Barcelona a Mataró, allá por 1.848; la de Jerez a Trocadero en un principio, y luego hacia Cádiz, sería de 1.854; Madrid 1.851, etc... Una burbuja ferroviaria, a nivel mundial (en EEUU o Gran Bretaña también se vivieron), que explotaría en 1.866, y daría al traste con muchos proyectos que se quedaron a medias. Sin embargo, el primer ferrocarril español, como curiosidad, fue el de La Habana a Güines en 1.837, cuando Cuba era aún española. 

 Hoy choca en nuestra mente, con el panorama actual, que nuestra tierra fuera de las pocas tierras industriales, burguesas, y con mentalidad más abierta a los cambios, a los nuevos aires de nuestro país. Sin embargo, la ciudad de Cádiz, y sus alrededores, eran un puerto muy importante, con conexión directa en barco, por ejemplo a localidades como Nueva York. Aunque muy mermada por la emancipación de muchas colonias americanas, aún era una de las ciudades más importantes de España, y siendo Jerez, uno de los centros vinateros más importantes del mundo, era cuestión de tiempo el trazado de un trayecto ferroviario. Que con el tiempo se configuraría como el actual. Sólo los más mayores recuerdan la desaparecida linea que unía Cádiz con Sanlúcar de Barrameda, y que desapareció por causa de su escasa rentabilidad (aunque hoy día con el turismo y la base naval, apuesto a que sería de las más rentables), y para los soñadores, quedó aquella de Cádiz a Algeciras, ni siquiera proyectada, o la de la Sierra, que no se llegó a usar. Queda, no obstante, un importante patrimonio ferroviario conservado, aunque muchos mutilados, y otros desaparecidos, por el paso del tiempo, y de las nuevas tecnologías. Ahí van unos ejemplos de arquitectura relacionada con el XIX o principios del XX ferroviarios; no estarán todos, y será un descripción generalizada, pero servirá de recuerdo y homenaje a toda una época:
  • Estación antigua de Cádiz: Una de las más antiguas de España, y una de las más olvidadas también, una joya de la arquitectura del hierro del XIX, inaugurada en 1.890, con la típica arquitectura ecléctica de la época, y una buena cubierta metálica de grandes proporciones con linterna incluida. A pesar de ser una estación terminal se encontraba abierta en su final, para acceso  al puerto de la ciudad. Dos edificios en forma de torres jalonan los laterales de la estación, que harían de vestíbulo, sala de espera y venta de billetes para los pasajeros, así como las habitaciones situadas en los laterales. Dos andenes exteriores completan el edificio. Aún no se sabe el uso futuro que tendrá, aunque se espera convertir en mercado gastronómico.


  • Estación de Jerez de la Frontera: Otra joya, esta vez del principios del XX, quedando incierta la fecha de inauguración, entre 1.928 y 1.930, vinculada a la exposición del 29 en Sevilla. Y aunque también se incluye autoría al arquitecto Aníbal González, autor también del Gallo Azul, no queda claro este respecto, aunque no obstante, la tradición, y la propia arquitectura, así lo atribuyen. El edificio es de estilo tipicamente regionalista andaluz, con mezcla de estilos neorenacentista y neomudéjar, recordando a muchas construcciones sevillanas de la época. Magnífica cubierta de hierro, el edificio del vestíbulo se sitúa en un lateral, ya que es una estación de paso y no terminal, y es de ladrillo rojo visto, adornado, profusamente, con azulejos que representan alegorías del progreso de España y Andalucía.



  • Depósito de aguas y locomotora en San Fernando: Solo un milagro puede explicar el que se haya salvado el mencionado depósito de aguas de la antigua estación de San Fernando, ya que con el soterramiento de la linea se arrasó con todo, incluido edificios tan singulares como el puente de La Casería, que prometieron reconstruir, y aún estamos esperando...El singular depósito es originario del XIX, y se encontraba al lado de la casa del guardabarreras, es de ladrillo visto, y estructura superior metálica. Cerca se encuentra la locomotora del XIX, que la Azucarera Jerezana donó a la ciudad, y que se conserva francamente bien, aunque en ocasiones aparezca llena de pintadas. 


  • Vía Verde de la Sierra: Arquitectura ferroviaria de un tren que nunca llegó a funcionar, entre Jerez y Almargen (Málaga), y con interés militar de proyectar una línea entre Cádiz y Cartagena. Era el típico proyecto de modernización del General Primo de Rivera, todo estaba a casi punto en 1.926, pero la crisis financiera, la posterior guerra, y la peor posguerra, acabó con todo proyecto casi a terminar, faltando de poner sólo las vías. Hoy nos queda puentes, túneles y estaciones de paso, correctamente restauradas en un ejemplar proyecto que se ha llevado ya, varios premios, algunos a nivel europeo.
Viaducto sobre el Guadalporcún, imagen de Wikipedia.
  • Estación antigua de Algeciras: Ignorada por muchos en un lateral de la nueva estación, y junto al aparcamiento se encuentra la antigua estación de la ciudad. Inaugurada en 1.890, era estación término de la linea Algeciras a Bobadilla, pero no obstante, se situaba en un lateral de las vías para facilitar el acceso de los ferrocarriles hacia el puerto. De aspecto sencillo, adornada con algunas lineas de azulejos, sigue la tradición arquitectónica andaluza.
Antigua estación, imagen de Diario Sur.
 Termino aquí con el corto listado ferroviario de nuestra provincia, una de las pioneras en la España del XIX, de tardía Revolución Industrial. Y casi siempre al amparo de proyectos financiados por británicos. No obstante, grandes obras al final, fueron proyectadas por ingenieros españoles, eso sí, siempre de ancho ibérico, algo más grueso que el europeo. Hoy día, con las lineas de alta velocidad, los cercanías y los regionales, las distancias se han acortado sensiblemente, y a nuestros antecesores, que para ir de Cádiz a San Fernando era una aventura de un día entero, el hecho de ir hoy a Sevilla en un día y volver, puede parecerles de locos, así como las tres horas y medias de comunicación con Madrid (en los ochenta todavía se iba en coche cama). Sin embargo, todas estas ventajas han demostrado las ciudades que han sido más sensibles con su patrimonio y cuales no: Jerez, Algeciras, las de la sierra y Cádiz merecen el aprobado, aunque el proyecto de la estación de la Tacita se estanque por culpa de un Adif que no se aclara en pares o nones; y las ciudades de San Fernando, Puerto Real y Puerto de Santa María, se llevan un claro suspenso por el arrasado gratuito y sin sentido de su patrimonio. En el caso de La Isla era explicable el soterramiento, no así el destrozo del puente y otros elementos. En el caso de los "Puertos" han destrozado dos estaciones tradicionales sin sentido ni mejora de lo que había, en Puerto Real era deseable el soterramiento, pero no era lógico el derribo de su antigua estación, que no se encontraba ni siquiera al paso de las nuevas vías; en el Puerto de Santa María, no ha habido soterramiento, sólo un derribo, para poner otro edificio sin personalidad ni grandilocuencia alguna, todo un desperdicio, y una pérdida de dinero y patrimonio. Un saludo desde el sur.

sábado, 25 de julio de 2015

La herencia mediterránea de las torres miradores.

Pequeña torre en Barcelona.
 Ya he vuelto, tras casi un mes sin escribir, pues he pasado un tiempo de vacaciones, parte en Almería, y gran parte en Barcelona. Sobra decir que la Ciudad Condal es una urbe apasionante donde uno puede llevarse días viendo monumentos y museos sin parar (y aún así, cuando uno se va, siempre le queda algo por ver). Por muchos de nosotros es conocida la Catedral del Mar, la de Santa María, del barrio de la Ribera, famosa por la novela de Idelfonso Falcones; la visita a la misma es más que aconsejable, pues aparte de la maravilla arquitectónica gótica, uno puede pasear con guía por las azoteas de la misma. Hay que especificar que en el Barcelona medieval, el Barrio Gótico es el núcleo urbano, aristocrático y clerical, el Raval era la zona más popular, y el barrio de la Ribera, era el burgués, comercial por excelencia, en la época de esplendor de la ciudad, cuando fue la localidad más próspera y con mayores flotas, de todo el Mediterráneo, como parte de un reino, el de Aragón, que forjó un imperio que llegó hasta Atenas. Los barcos comerciales catalanes surcaban todo el mar, y llegaban al puerto de Barcelona. Los ricos comerciantes estaban pendientes desde su casa, en la Ribera, y oteaban el horizonte desde una...¡torre mirador!. Mi sorpresa fue mayúscula cuando el guía de la catedral comentaba ésto mismo, que yo había escuchado una y otra vez en Cádiz, pero con el comercio americano en vez del Mediterráneo.

Torre mirador en Barcelona.
 La sorpresa fue aún mayor, días después, cuando visitamos Tarragona, pues en la capital de la Costa Dorada también tenía varias de estas torres. Lo cual indica que las mismas no son un invento de Cádiz, sino que tiene una herencia, la mediterránea, y en la Tacita, sólo las hemos sofisticado, creando de cuatro tipos: sillón, garita, mixto y terraza. De las cuales en Cataluña, solo pude observar la última, bastante más simple y baja que las gaditanas. Todo nos indica, que Cádiz, ciudad enclavada en el Atlántico, tiene herencia directa, y carácter, típicamente mediterráneo. Desde la llegada de los fenicios, pasando por los romanos, o los árabes, toda conquista viene del Mare Nostrum. Hasta la llegada de los castellanos, que repueblan la ciudad con montañeses, no obstante, con el descubrimiento de América, a lo largo de tres siglos, la localidad se puebla de gente de todos lados, sobre todo de genoveses. Siguiendo la propia la tradición mediterránea, aunque influenciando a América, y recibiendo de la misma.  Por tanto, se puede decir, que Cádiz es la ciudad puente entre la cultura del mediterráneo y América, sobre todo el Caribe. Desde donde se heredan el tipo de fortificaciones, como la de Santa Catalina en La Caleta, de clara herencia italiana, y los merlones barrocos adornados que se pueden ver en las casas, tanto en la Bahía, como en el Caribe, entre otras cosas. 

Torre mirador en Tarragona.
Torre gaditana.
 Es curioso, como muchas veces, lejos de casa, uno puede encontrar puntos comunes entre una ciudad y otra, que en un principio no tienen nada que ver. Sin embargo, en ambas dominó la burguesía sobre la aristocracia y el clero (algo raro en la España de antaño), en ambas se produjo una notable industrialización, sobre todo en la ciudad catalana, en ambas entraban las nuevas ideas políticas, ambas fueron puerta de distintas corrientes literarias, sobre todo el romanticismo, ambas fueron pioneras en la prensa, en ambas se implantaron las primeras líneas españolas de ferrocarril (aunque la primera linea española fue en Cuba) y en ambas, hay torres miradores. Luego la suerte de una y otra han sido distantes, yendo nuestra tacita a una decadencia clara, y a una desindustrialización de difícil salida. Sin embargo, en este viaje, me quedó claro un concepto olvidado por mucho de los gaditanos, que presumen de las influencias de Ida y Vuelta con América, y que sin embargo, no recuerdan el carácter mediterráneo de una ciudad en pleno Atlántico. Un saludo desde el sur.


sábado, 27 de junio de 2015

Paisajes rojos.

Lago en la Peña del Hierro.
 No es esta una entrada de grandes profundidades, ni muy técnica, ni histórica si quiera. Tiene un poco de todo, pero más que nada, de admiración. Uno se puede quedar horas asombrado mirando un paisaje desangelado, desolado, apocalíptico, pero precioso en su sobriedad. Hay rincones que bien podían haber sido un escenario de Juego de Tronos o del Hobbit, son edificaciones extrañas, abandonadas que se sitúan en las entradas de las minas. Y usted se preguntará que rincón de nuestra región reúne todo ésto, pues las Minas de Riotinto. Aunque más de la mitad de los parajes se encuentra en terreno de dicho pueblo, que nació al amparo de las propias extracciones, comparte paisajes mineros con Nerva, entre otras poblaciones.

Trenes abandonados.
Río Tinto.
 Sin olvidar al propio pueblo de Minas de Riotinto, al que ya le dedicaremos la entrada propia que se merece, es recomendable visitar el propio parque minero de Rio Tinto, desde un tren antiguo propio del XIX o principios del XX, restaurado para los turistas, y que ofrece una buena panorámica de las propias minas. En el propio viaje podemos observar las escombreras de desechos minerales, las propias excavaciones, a un joven río Tinto sortear los barrancos, vías y trenes "olvidados" en este rincón del fin del mundo...El propio bosque que rodea a la mina es artificial, repoblación de principios del XX para hacer más respirable este microcosmos. Todo ello en un viaje de una hora y media, en un antiguo ramal de la vía que unía Rio Tinto con la propia Huelva, y cuyo viaje terminaba en el llamado Muelle del Mineral. El final del actual viaje termina, como no podía ser de otra manera, en el propio río, el Tinto, que da nombre (y paisaje marciano) a la zona. Se puede uno acercar a la orilla y hacer fotos, pero hay que tener cuidado con mancharse con el agua del río, porque el óxido no sale de la ropa. La cantidad de sulfuros de metales pesados que lleva es la que da color. Pese a lo que se piense, la contaminación del río no se debe a ningún proceso humano (por lo menos hasta la llegada a Huelva capital), sino al propio lixiviado de los minerales en la montaña en la que nace. Y lo que es más curioso a la oxidación microbiológica por unas bacterias que son las únicas capaces de vivir aquí, y que de hecho son las únicas que lo han logrado a lo largo de los tiempos, pues no hay fósil de ningún animal que se haya encontrado en el lecho del río, lo que da veracidad a que todo es un proceso natural, extraño, pero natural, sin  que la mano del hombre haya intervenido, al menos en un principio. Hasta la propia NASA se ha acercado a estudiar las bacterias que viven en el lugar, para sus estudios relacionados con el planeta Marte. Y es que esto es un trozo del planeta rojo en la Tierra. Algo único en el mundo. 

Minas y Canteras.
 Otro rincón digno de destacar, es algo más contemplativo, y menos científico o apocalíptico. Es la famosa Peña del Hierro, a la cual acuden múltiples pintores y fotógrafos desde los distintos lugares del mundo, gracias a su cromatismo. Se entra por unas minas abandonadas, su exterior es digno de un relato fantasioso como El Señor de los Anillos, se accede por una galería (hay que ponerse casco), y se atraviesa tan solo unos doscientos metros, para llegar a una especie de balcón que da lugar a un pequeño lago inserto en una antigua cantera a cielo a abierto, de aguas, como no, rojas. La tierra también es roja, y solo el verde de los pinos rompen con tanto predominio rojizo. Aquí es donde todo el mundo se para a admirar las maravillas que la naturaleza (y en este caso la mano del hombre) nos puede deparar. Una sorpresa más, un lugar único, en una provincia donde el medio nos depara verdores serranos a un par de kilómetros y humedales a una hora y media de carretera, del mundo rojo en el que ahora nos encontramos. Un saludo desde el sur.


Mina de Peña del Hierro.

Paisaje marciano.

Aguas rojas del Tinto.

Paisaje del Tinto.




domingo, 31 de mayo de 2015

Tiburones en España

  Tenía pensada otra entrada, pero a la vista de la semana, informativamente hablando, en el que se han habido varios avistamientos de escualos en diversas playas españolas, y como los distintos medios han tratado el tema, he de decir que la población española tiene bastante conciencia medioambiental, y que nos encontramos ante una mentalidad madura y consciente de lo importante que es conservar la naturaleza. Han sido más escandalosos algunos medios, que buscaban alguna noticia sensacionalista (como si no hubiera problemas y escándalos en España) que la propia ciudadanía y autoridades, que evidentemente, y por la lógica precaución, se encontraban fuera del agua, y con la prohibición del baño. Pero fuera de todo escándalo, la gente grababan y fotografiaban al animal en cuestión, sin intención de hacerle daño, ni con histeria de por medio, sino como algo curioso, casi turístico.

  Ante todo, he de decir que España es un país donde existen casi todas las clases de escualos del mundo, ya que nuestras costas se encuentran en una encrucijada entre el Atlántico y el Mediterráneo, y entre aguas templadas, cálidas y frías. Si a eso le añadimos que los tiburones son animales que necesitan grandes espacios para campar en sus cacerías, podremos decir que cada día pasan centenares o miles de tiburones por nuestros mares, incluido el temible tiburón blanco...y no pasa nada. Ningún ataque por lo general, salvo en años contados, debido a confusiones de los escualos que probablemente buscaban otra especie, pues al parecer, no somos nada apetitosos para ellos. Eso sí, tampoco caigamos en el ecologismo dulzón, ellos no son tampoco angelitos, son predadores, y nosotros, también podemos convertirnos en sus presas. Pero digamos, que ellos tienen que temernos más a nosotros, pues para empezar forman parte de nuestra dieta, quien en Cádiz se come un filetito de marrajo o un cazón en tomate o adobado, o el famoso bienmesabe isleño, que sepa que se está comiendo un trozo de escualo, o quien vaya muchas veces a las parafarmacias o dietistas se podrán encontrar frascos que tienen en su interior cápsulas o pastillas de cartílago de tiburón (algo a mi parecer, denigrante). Y eso, que yo ahora recuerde, así que, haciendo sumas, a lo largo sólo de la costa española, y sin tener en cuenta a los asiáticos (que eso sí que es para echarse a llorar) podremos darnos cuenta de que somos los humanos los que asesinamos en masa a ellos, y no al revés. 

  Pocos saben que en Cádiz mismo hay tiburones de todos los tipos, desde los chicos como los cazones, pintarrojas o marrajos (cuyas afiladas dentaduras de doble hilera de diente ya son capaces de cercenar cualquier extremidad) a algunos espectaculares como la tintorera, capaz de alcanzar unos cinco metros, o el famoso tiburón blanco, avistado cada cierto tiempo en el Estrecho, y que al igual que las orcas, siguen la migración de los atunes. Así que son bastantes más comunes de lo que imaginamos. Pero usted dirá que por qué aquí no son tan frecuentes los ataques como pudiera suceder en Australia o Sudáfrica u otros países, primero probablemente porque no son tan abundantes, segundo porque mayoritariamente, como he dicho, se encuentran de paso en la búsqueda de otras especies, y tercero, porque en los mencionados países hay bastantes especies de costa (a diferencia de Europa donde se han extinguido la mitad) que les sirve de alimento, como focas o leones marinos, pingüinos, y tortugas, entre otros. Así pues, como siempre en la vida, hay una de cal y una de arena, sabemos que los escualos en España rara vez cometen un ataque, y es rarísimo que se acerquen a la costa, pero por otro lado, cuando nos bañemos este año, pensemos que hay casi trescientas especies aquí, y que según los expertos alguna vez en nuestra vida hemos estado fichado por alguno. Ya empieza el calor, y se apetece un chapuzón. ¿Se anima?. Un saludo desde el sur.
http://img.desmotivaciones.es/201106/tiburones.jpg

domingo, 10 de mayo de 2015

Castilnovo, o el último prado costero.

El pastizal en primavera.
   Se encuentra cerca el verano, y para mucha gente de otras latitudes, nuestra tierra ya tiene temperaturas estivales, aunque sea primavera. Pronto empezaremos a elegir a que playas iremos este año, y aparte de la nuestra habitual, siempre pegamos alguna escapada a alguna cercana, pero más exótica. No urbana, en definitiva. Y tenemos infinidad de opciones: calitas, playas con dunas vírgenes, con montañas en los alrededores, con marismas, pequeñas, grandes, con acantilados... De toda clase hay en Cádiz, además, mediterráneas y atlánticas. Dos de las más famosas son la del Palmar en Vejer de la Frontera y Los Bateles, en Conil de la Frontera. Dos enormes playones donde cuesta otear la orilla desde donde uno planta la sombrilla, pues es sorprendente la anchura de las mismas. Entre medio, una gran desconocida, y que se salvó in extremis, en época de la maldita burbuja inmobiliaria, de puro milagro, gracias al ayuntamiento de Conil. Pues si Los Bateles, es playa urbana, El Palmar está plagada de diseminados que estropean el paisaje. Por el contrario, en Castilnovo sólo una construcción domina el paisaje: la alta torre vigía construida en época moderna para avisar a las poblaciones costeras de la llegada de los piratas.

Conil desde Castilnovo.

Marismas mareales del río Salado.

 Sin embargo, aún con el enorme valor histórico de la torre, esta entrada de hoy va destinada a dar a conocer la gran categoría paisajística y ecológica del lugar, como uno de los últimos rincones costeros vírgenes. Destacando sobre todo su preciosa pradería, de gran valor ecológico, y mantenida naturalmente por la ganadería retinta de la zona. Por otro lado, a pesar de que el paraje es pequeño, pues ocupa unas pocas hectáreas, tiene variedad de ecosistemas, como la desembocadura del río Salado de Conil, donde vive una especie endémica de fartet, el salinete. Además de tener en su ribera no urbanizada un pequeño sector de marismas mareales. Cerca de la torre, podremos encontrar una laguna formada por la subida de las mareas y por la lluvia, creando otro sistema marismeño importante, donde se encuentra vegetación como el taraje y el junco, además de numerosos endemismos vegetales. En la fauna destaca el mencionado salinete, la garceta común, el aguilucho pálido, y varias clases de anfibios, entre otras especies. Además es lugar de descansadero para aves migratorias. Asimismo, en el prado cercano, es posible observar, aparte del ganado retinto antes mencionado, aves esteparias como el aguilucho cenizo o el alcaraván. Últimamente, se observan también la presencia de ibis eremitas.  Asimismo hay que tener en cuenta la presencia de aves marítimas en la propia línea de playa. Todo un mosaico, pequeño, de ecosistemas que merece ser declarado paraje natural por la Junta de Andalucía, la cual parece que se ha olvidado de la declaración de figuras de protección de numerosos lugares. En este caso además, con el agravante de que fue el propio ayuntamiento conileño el que logró salvar el territorio de la especulación, pues se preparaba otro hotelito con campo de golf (que novedoso...).
Ganadería retinta.


Prado colindando con la arena.
 Yo siempre recomiendo visitar los parajes de Cádiz en dos estaciones distintas, en verano y en invierno, ambas muy distintas. Mientras tanto en invierno como primavera, el verde domina el paisaje, alternado con la policromía de las flores, en verano el paisaje es monocromo, ocre; el prado inundable cede espacio a la reseca estepa. Es el sistema de vida de los pastizales suroccidentales de Cádiz: terrenos verde inundados, donde viven especies de humedales, y áreas secas en época estival, donde habitan aves del secarral más absoluto. Todas las estaciones tienen su encanto, y sus inconvenientes. Pero con esta entrada quiero resaltar el olvidado valor ecológico que encierra la costa de Conil, destacando Castilnovo, pero resaltando también la zona de los pinares de Roche y los acantilados con sus calas. Por cierto, ninguno, de estos lugares protegidos, tampoco, . Pero eso será tema para otra entrada. Un saludo desde el sur.


Desembocadura del Salado.

Playa de Castilnovo.


Camino a la torre.

Pastizales en primavera.


Pozo y abrevadero.

Ganadería retinta en el pastizal.



Laguna y torre al fondo.

Laguna y playa.

Ejemplares de barrón.

Detalle del generoso pasto.

Bunker.

Prado prelitoral.

Ganado en el abrevadero.


Ternerillo.


domingo, 26 de abril de 2015

El parque natural como alma de San Fernando.

 Antes de empezar, he de decir que nací aquí, y además, siempre me he sentido orgulloso de mi ciudad. Siempre me ha gustado, su historia, sus monumentos, su alegría, su ambiente, etc... Cada uno escoge una ciudad a su medida, y la mía concuerda con mis gustos. Sin embargo, si tengo que escoger, para mi entender, hay algo que distingue a La Isla del resto del mundo: su paisaje, y su naturaleza, mitad salvaje, mitad transformada. Actualmente, la bahía de Cádiz, es reconocida como Parque Natural por la Junta de Andalucía, zona Ramsar y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) por los organismos internacionales como la ONU, y Lugar de Interés Comunitario dentro de la Red Natura 2.000. Tal vez, pocos espacios naturales puedan presumir de tanto curriculum en tan poco espacio, aunque también sus amenazas son notables. También, en nuestra tierra, se puede presumir de facilidad para avistar aves, sin que éstas se escondan demasiado, mostrándose, a veces en extremo, confiadas con la presencia humana.

 Puedo decir sin riesgo a caer en la exageración, ni en la nostalgia, que de no haber nacido aquí, jamás hubiera sido aficionado a la naturaleza, ni me hubiera preocupado por ella, pues aquí el que no avista un ave es porque no mira para arriba...o para el frente. Desde el mismo puente que salva el caño del molino de Zaporito, donde siempre "vive" una garceta común, en plena ciudad; o desde el paseo marítimo de Bahía Sur, donde se acercan garcetas, garzas, limícolas, e incluso flamencos. O desde el centro de la ciudad, uno puede observar, según que horas, distinta avifauna: por la mañana, recién amanecido, en invierno es posible ver volar por encima de las casas a los cormoranes; al atardecer, los que vuelan por encima son los flamencos. Dentro del mismo ecosistema urbano, no hay barrio sin cernícalos primillas, y en las zonas del Parque, o del Observatorio, si uno está atento en la noche, es posible observar la fantasmagórica y blanca impoluta figura de la lechuza, en alguna de sus cacerías nocturnas. Eso sólo sin salir de la ciudad, pero si uno coge el camino del "colesterol", y decide irse a "andar" por algunos de los senderos del parque que salen desde nuestra ciudad, podrá perder una mañana o una tarde observando fauna. Casi todos están a un cuarto de hora o veinte minutos andando, casi ninguna ciudad de nuestro entorno, o incluso, de nuestro país, puede decir eso. Y eso es lo que diferencia a San Fernando del resto, en que uno puede estar en el ruidoso y estresante ruido urbano, y bajar una calle, para encontrarse en el silencio más absoluto, sólo roto por el canto de alguna cigüeñuela, o del buitrón. Desde la lejanía, se observa la ciudad como otro mundo, sin embargo, basta dar dos pasos para volver a nuestra realidad. Pero si la avifauna no le atrae mucho, el parque natural le seguirá dando sorpresas de todo tipo, porque el patrimonio histórico y etnográfico también es digno de visitar. Nunca minusvalore las "tres piedras" o las casas abandonadas que vea en frente, pues allí seguramente se vivieron momentos históricos, decisivos para la historia de España. Y aunque vuelva a lo mismo, tal vez, escuche algún chillido extraño, o algún susurro, no se equivoque, no hay ningún alma en pena, sino aves, como las lechuzas y otras rapaces (de extraños y estridentes cantos), que habitan en estas viejas piedras abandonadas. Como una lección de que todo lo que construye el ser humano acaba tragándoselo la naturaleza. 

 Me he explayado más de lo que pensaba, pero debía contar cual es lo más importante para mí de nuestra ciudad, y es nuestro parque natural, nuestro paisaje, y su fauna, que han dibujado como un telón de fondo, visible, desde cada calle de nuestra ciudad. Y son demasiadas cosas, las que he dejado en el tintero. Me quedaron los correlimos corriendo por una de las últimas playas vírgenes de España, donde habita, además, entre sus retamas y dunas, una de las también últimas colonias de camaleones. También me quedó para otra ocasión, el mosaico multicolor de miles de aves en los esteros, el gracioso movimiento de las espátulas, el escándalo de los ánades con sus polluelos en primavera, el silencio absoluto cuando las rapaces como el milano negro o el ratonero se disponen a cazar...son muchas cosas que pueden llegar a asombrarnos. Y yo, todavía me quedo ensimismado, con la misma ilusión y curiosidad, que la de aquel primer día, en la que mi padre me llevó a las marismas de Camposoto para ir a ver aves. UN saludo desde el sur.





domingo, 19 de abril de 2015

Barrio de San Mateo de Jerez de la Frontera.

Plaza del Mercado.
 Aprovechando el Domingo de Pasión, decidimos visitar las imágenes de las distintas iglesias jerezanas. Yo ya conocía bien la localidad, es una ciudad que me gusta bastante, y en la que el tópico del caballo, los vinos y las motos, que sin estar mal ni decir mentira alguna, han eclipsado los otros tesoros de una de las ciudades más monumentales del sur de España, y ello sin exageración alguna. Que su centro histórico sea de los más desconocidos no se debe a su escasez de lugares de interés, sino que por el contrario, se debe a la dejadez municipal, o de los propios jerezanos; ésto último, sinceramente, yo no lo sé. Pero basta pasear por el barrio que ahora les recomiendo para darse cuenta de ello. El patrimonio es impresionante, sin embargo, la sensación de que una guerra acaba de pasar, de decadencia, es patente a lo largo de todo el recorrido, y en él, se pueden comprobar, para decepción propia, como bellos y enormes palacios renacentistas y barrocos se encuentran en total ruina, cuando no, simplemente conservan la fachada ( con puertas y ventanas tapiadas). 

Palacio de Riquelme.
Calles del barrio.
 No obstante, no quiero echar para atrás a nadie a que visite este rincón, para mí uno de los mejores de Jerez, sino que por el contrario, se tenga constancia de la problemática, para ver si algunas de las mil doscientas administraciones de las que "gozamos" hacen algo para mejorar el patrimonio local. Por el contrario, sí que recomiendo pasear, con cámara y sin mapa, para perderse por las callecitas más estrechas y medievales de la ciudad. Recomiendo partir desde la Catedral y terminar en San Marcos, o al revés, para saborear bien lo que se ha de ver. Aunque yo empecé subiendo por la calle Espíritu Santo, la cual, primero te permite una preciosa vista panorámica de la Catedral y parte de la ciudad, para pasar por las preciosas calles (algunas sombreadas con parras) de las bodegas de Domecq, y terminar, directamente, en la plaza del Mercado, lugar que como su nombre indica, cumplió dicha función desde la edad media hasta la época moderna. Pero antes de llegar a dicho punto observaremos varios palacios, de los que destacan tres: los dos primeros se encuentran en una pequeña plazoleta, y ambos son de enormes y señeras fachadas, me refiero a los palacios de Camporreal, de enorme fachada neoclásica e interiores renacentistas y mudéjares; y el palacio de Dávila, renacentista, y adaptado para viviendas. A medida que nos acercamos a la plaza del Mercado nos asombra otra ruina, de otro proyecto megalómano fracasado, me refiero al palacio de San Blas, un bello palacete barroco, cuyo estado de abandono es digno de resaltar, pues como en muchos casos, el caserón fue vendido para que una cadena hotelera hiciera lo que debía, pero ahí sigue años después, con las ventanas y puertas tapiadas, y amenazando caerse. Llegamos a la plaza del Mercado, centro del barrio, y donde se encuentra otros dos palacetes, uno primero, de estilo barroco donde se encuentra el Museo Arqueológico Municipal; y otro segundo, el de Riquelme, también en ruinas y tapiado, de época renacentista, y donde hay que destacar una bella fachada. En el centro, encontramos una bella fuente rodeada de palmeras, desde donde se puede observar a la iglesia de San Mateo, que da nombre al barrio. Cuesta creer que en este preciso lugar, hoy bastante tranquilo, sin apenas ruidos, y con varias terrazas de bares (buenos y baratos), tuviera lugar la ejecución de los supuestos anarquistas del grupo La Mano Negra.

Palacio de Camporreal.
 Nos acercamos a la propia plaza de San Mateo, colindante con la anterior, donde vemos la propia iglesia, una de las más antiguas de Jerez, con dos partes diferenciadas, una gótico mudéjar, y donde se pueden observar algún elemento románico, y otra mayor, de estilo gótico florido, influenciado, como muchas iglesias de la provincia, por la catedral hispalense. Prometo profundizar más sobre dicha iglesia en otra entrada, pues lo merece. Pero termino callejeando por las irregulares calles de los alrededores, desde donde se pueden observar las murallas, algunos otros palacetes, o iglesias cercanas y de enorme interés, como las de San Lucas, San Juan, Merced o Santiago, todas medievales, de estilo gótico, repartidas por callecillas estrechas, árabes y medievales. Un viaje en el tiempo, que espero, las administraciones sepan recuperar, pues hace falta, y pronto, pues muchos edificios amenazan ruina, y puede, que desaparezcan para siempre, algo que no podemos permitirnos. Un saludo desde el sur.


Espadaña de San Lucas desde la calle.

Pub aprovechando un palacete con muralla.

Fuente en el palacete.

Palacete.

Iglesia de San Lucas.



Calle del barrio.
Torre de San Juan desde una calle.


Palacio de Dávila.

Calle.

Calle y bodega de Domecq.

Calle Espíritu Santo.


Fuente de Plaza del Mercado y Museo Arqueológico.

Iglesia de San Mateo.